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martes, 12 de febrero de 2013

Altar cristiano: Consagracion, origen, clases

martes, febrero 12, 2013

El altar es el lugar central de la liturgia ya que es el sitio donde el hombre y Dios se encuentran.

El lugar de este encuentro es Cristo, Hijo del hombre y a la vez Hijo de Dios, ya que el altar en el cual se celebra la misa representa al mismo Cristo, por este motivo el sacerdote lo besa.

La mesa en que Jesús celebró la Santa Cena es el primer altar cristiano, que por lo que se conoce sobre las costumbres de la época, se supone que debería ser una mesa semicircular bastante baja y pintada de colores vivos donde uno de los lados quedaba libre para el servicio.

En los comienzos del culto cristiano el altar era simplemente la mesa familiar, perteneciendo la aparición de los altares de piedra al siglo IV. Cuando los cristianos tuvieron que buscar refugio en las catacumbas utilizaban como altar el sepulcro de un mártir.

Del doble origen de mesa y de sepulcro procede la forma definitiva del altar, por eso conserva la forma de mesa sostenida por columnas o por un macizo de albañilería.

El Derecho Canónico ha introducido una distinción entre dos clases de altar:

  • Altar Fijo o Inmóvil: es una mesa consagrada al mismo tiempo que la base sobre la cual está erigido, por lo tanto no puede separarse sin perder la consagración. En caso de separación momentánea el sacerdote puede consagrar nuevamente el altar según un rito o formulario simplificado.

  • Altar Portátil o Móvil: consiste en una piedra de suficiente anchura para que se pueda depositar en ella la hostia y la mayor parte del pie del cáliz cuyo espesor permita tapar la cavidad destinada a recibir las reliquias con una cobertera de piedra. Se la puede colocar sobre una base cualquiera y no pierde la consagración cuando se la separa de la misma.

En las iglesias consagradas es indispensable que exista por lo menos un altar fijo que no esté adosado a la pared a fin de que se pueda dar la vuelta alrededor del mismo.

Cuando se consagra el altar el obispo unge la cobertera del sepulcro con el santo crisma la cual se cierra luego con cemento bendito. Más tarde inciensa el altar repetidamente para honrar su carácter divino y unge las cinco cruces grabadas en la piedra en recuerdo de las cinco llagas de Jesús. Un ceremoniario enciende los veinticuatro granos de incienso repartidos entre estas cruces en memoria del embalsamamiento de las llagas de Cristo por las santas mujeres.

El Aleluya es cantado durante esta combustión para expresar que Cristo, muerto y embalsamado, resucitó y por lo tanto el altar no es una tumba sino el altar del Dios vivo que nos llama a la vida.

De esta forma la piedra del altar es verdaderamente Cristo, y aunque el altar esté construido en la iglesia es en realidad la Iglesia la que está edificada alrededor del altar así como la Iglesia se forma y se agrupa alrededor de Cristo.

El altar donde se celebra el santo sacrificio de la Misa debe estar cubierto por tres manteles muy limpios bendecidos por el obispo o por alguien por él delegado. En el centro del mismo se coloca la Cruz y a ambos lados dos candeleros con cirios encendidos. En la parte de la epistola se coloca un cojín o atril para el misal.

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