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sábado, 6 de julio de 2013

Avaricia, pecado capital, mortal: Los siete pecados que origina

sábado, julio 06, 2013

La palabra avaricia proviene del latín aveo que significa desear ardientemente, por lo tanto se trata de un amor desordenado a las riquezas.

Se puede clasificar la forma de amar a las riquezas de dos formas: la que consiste en saber aprovecharlas en beneficio propio o practicando la caridad, y la que consiste del deseo de amontonar riquezas porque si, prescindiendo del uso que hay que hacer de ellas. A esto último es lo que llamamos avaricia.

La avaricia es un pecado doble ya que se trata de una pasión desordenada que implica un trastorno moral donde el hombre comete con ello un pecado contra sí mismo pues su corazón se desvía aunque no haya desorden alguno en su cuerpo, y es además pecado porque la avaricia va contra el prójimo. Un hombre no puede vivir en la abundancia mientras que otro se halle en la indigencia.

La avaricia puede ser una persecución, deseo o retención de los bienes de la tierra contra los derechos de los demás, o bien un apego excesivo a los bienes ilegítimos, lo que implica una absoluta ausencia de desprendimiento a favor del prójimo.

Si la avaricia se trata únicamente de un amor exagerado, la falta cometida en este caso es de pecado venial, aunque sin embargo puede trocarse en una falta de pecado mortal si el avaro descuida sus deberes de religión o de caridad y amor hacia el prójimo.

De la avaricia surgen otros siete pecados que están emparentados con ella: la traición, el fraude, el engaño, el perjurio, la inquietud, la violencia y la dureza de corazón con el desgraciado.

Hay siempre que razonar que a la hora de la muerte se tendrá que dejarlo todo, por lo tanto hay que esforzarse en practicar las virtudes contrarias a la avaricia, como la justicia y la caridad

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