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viernes, 16 de agosto de 2013

Beatificacion: Diferencia con la canonizacion, efectos

viernes, agosto 16, 2013

La beatificación es el permiso que da la Iglesia de honrar con culto público, en ciertos lugares o grupos determinados, (como una diócesis, un estado o una congregación), a un siervo de Dios cuya fe y obras se han considerado dignas de ser puestas a la veneración de los fieles, teniendo en cuenta que beatificación no quiere decir canonización.

Una persona católica ha servido a Dios y a su prójimo de una manera ejemplar y muerto en olor de santidad. Enseguida en su comunidad religiosa o país, el fervor popular y las almas edificadas por sus virtudes mantienen vivo su recuerdo y desean rendirle culto, construir una capilla y hacer su estatua, pero este culto y fervor no sería aceptable si no tiene el permiso de la Iglesia católica. Entonces los superiores del piadoso difunto o los amigos piden a Roma su beatificación.

La beatificación es un acto preparatorio, una declaración de la Iglesia que permite creer que hay motivos muy serios para pensar que aquel que ha sido proclamado beato goza en el cielo de la bienaventuranza eterna. En cambio, la canonización es mucho más, ya que recién al fin de un largo proceso el Soberano Pontífice proclama el juicio infalible y obliga a todos los cristianos a creer que el siervo de Dios está inscrito legítimamente en el catálogo de los santos.

Hasta el final del siglo XII los obispos tenían el poder de proclamar las beatificaciones sin informar a la Santa Sede, pero para evitar abusos los papas confirieron el poder de beatificación a los concilios.

Desde el año 1170, con Alejandro III, es el mismo Papa el que proclama las beatificaciones. La mayoría de los teólogos creen que en este acto la infalibilidad del Papa no está comprometida ya que éste es sólo infalible cuando se dirige al conjunto de fieles, mientras que la beatificación por definición es un acto provisional, que se dirige sólo a una región o una parte de la cristiandad.


Los efectos de la beatificación son limitados:

  • el nombre de los bienaventurados no debe estar inscrito el martirologio

  • las imágenes o estatuas que los representan no pueden estar expuestas públicamente en las Iglesia, oratorios o capillas sin el permiso de la Santa Sede

  • sus reliquias en principio no deben ser llevadas en procesión
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