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viernes, 15 de julio de 2016

Discernimiento de los espiritus, reglas de San Ignacio

viernes, julio 15, 2016

103.jpgEl hombre, por su misma naturaleza, está expuesto a influencias numerosas y diversas.

La voluntad humana, aunque libre, es movida, retenida, empujada, atraída por muchos factores que la agitan. Este problema existe desde los orígenes.

Adán y Eva fueron empujados a la desobediencia por la serpiente. Y Dios los castiga recordándoles una regla fundamental: el discernimiento de los espíritus

Los espíritus son: el espíritu de Dios, el espíritu del demonio que me lleva a desobedecer los mandamientos de Dios y el espíritu del hombre caído. Durante los siglos que precedieron la venida de Cristo, este triple espíritu se apoderó del hombre.

En el Nuevo Testamento vemos a Jesucristo frente a los espíritus cuando es conducido en el desierto por el Espíritu de arriba y cuando al terminar su ayuno fue tentado por el Espíritu malo.

Por lo tanto se debe distinguir entre el espíritu del demonio que atrae al hombre y las faltas cometidas por el hombre y la concupiscencia. Hay un discernimiento natural y un discernimiento sobrenatural. El principio se basa en el hecho de que la naturaleza y la gracia no tienen el mismo fin.

Este tema tan complicado logra aclararlo de gran manera San Bernardo, que reduce a seis el número de espíritus que mueven al hombre en sus operaciones: el divino, el angélico, el diabólico, el carnal, el del mundo y el humano. Y a su vez a éstos los reduce en tres: el espíritu divino, el diabólico y el humano.

El discernimiento es un arte un don, según se haya adquirido por el trabajo propio del hombre o que esté infundido por la gracia.

San Ignacio, en su obra de los Ejercicios espirituales, ha tratado largamente este tema del discernimiento de los espíritus y ha precisado las reglas del discernimiento.

Estas reglas de San Ignacio se pueden reducir en las siguientes: tener en cuenta el temperamento especial de cada hombre, conocer bien su naturaleza humana, ser consciente de nuestros movimientos y observar atentamente a aquellos que hayan sido emitidos fácil o espontáneamente.

Además indica que las señales intelectuales del espíritu divino son la discreción, la humildad, la docilidad, la verdad y la gravedad. En la voluntad, la acción de Dios se manifiesta por la paz, la confianza en Dios, la humildad, la mortificación interior, la flexibilidad, la simplicidad, la paciencia, la libertad de espíritu, la sinceridad y la caridad. En cambio, el espíritu diabólico se manifiesta por la tristeza, el orgullo, la turbación y la inquietud

 
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