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Infografía Sacramento de la Unción de los Enfermos + Resumen Catecismo, significado y explicación (1499-1532)

¿Qué es "El Sacramento de la Unción de los Enfermos"?
Explicación, resumen y síntesis del Catecismo de la Iglesia Católica

Actualizado el 31 de Octubre del 2026

Infografía Unción de los Enfermos - Material y articulo de ReligionCatolicaRomana.blogspot.com

¿Qué significa Unción de los Enfermos? Explicación sobre la Gracia y el Consuelo en el Sufrimiento

La Unción de los Enfermos es el sacramento a través del cual la Iglesia encomienda a los fieles que padecen una enfermedad grave o la fragilidad de la vejez al Señor. Su objetivo principal es brindar alivio, paz y ánimo al enfermo, ayudándole a unir su sufrimiento a la Pasión de Cristo para su propio bien y el de toda la comunidad cristiana. No es un sacramento exclusivo para quienes están muriendo, sino un recurso de gracia para cualquier momento de prueba física importante.

Cristo mostró una compasión especial hacia los enfermos, realizando curaciones que eran signos de la llegada del Reino de Dios. Él no solo sanaba el cuerpo, sino que buscaba la curación integral del alma mediante el perdón de los pecados. Al asociar a sus discípulos a esta misión, el Señor instituyó este signo sagrado que la Iglesia practicaba mediante la imposición de manos y la unción con aceite, asegurando que la oración de fe salvaría al enfermo y le daría la fuerza necesaria para su situación.

La celebración de este sacramento es un acto comunitario que puede realizarse en el hogar, el hospital o el templo. A través de la unción con óleo bendecido en la frente y las manos, el Espíritu Santo otorga un don particular de consuelo y fortaleza contra el desaliento. De este modo, el sufrimiento recibe un sentido redentor, configurando al cristiano con el misterio de la muerte y resurrección del Señor, preparándolo para el tránsito hacia la vida eterna si su vida terrena llega a su fin.

Resumen "El Sacramento de la Unción de los Enfermos" Catecismo de la Iglesia Católica

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Artículo 5: La Unción de los Enfermos

1499 Con la sagrada unción de los enfermos y con la oración de los presbíteros, toda la Iglesia entera encomienda a los enfermos al Señor sufriente para que los alivie y los salve. Incluso los anima a unirse libremente a la pasión y muerte de Cristo para contribuir al bien del Pueblo de Dios.

I Fundamentos en la Economía de la Salvación

1500 La enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves que aquejan la vida humana. En la enfermedad, el hombre experimenta su impotencia, sus límites y su finitud. Toda enfermedad puede hacernos entrever la muerte.

1501 La enfermedad puede conducir a la angustia y al repliegue sobre sí mismo, a veces incluso a la desesperación y a la rebelión contra Dios. Puede también hacer a la persona más madura, ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial para volverse hacia lo que lo es. Con mucha frecuencia, la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios.

1502 El hombre del Antiguo Testamento vive la enfermedad de cara a Dios. Ante Dios se lamenta por su enfermedad y de él, que es el Señor de la vida y de la muerte, implora la curación. La enfermedad se convierte en camino de conversión y el perdón de Dios inaugura la curación. Israel experimenta que la fidelidad a Dios devuelve la vida.

1503 La compasión de Cristo hacia los enfermos y sus numerosas curaciones son un signo maravilloso de que Dios ha visitado a su pueblo. Jesús vino a curar al hombre entero, alma y cuerpo; es el médico que los enfermos necesitan. Su amor de predilección para con los enfermos ha suscitado a lo largo de los siglos la atención de los cristianos hacia todos los que sufren.

1504 A menudo Jesús pide a los enfermos que crean. Se sirve de signos para curar como la saliva y la imposición de manos o el barro y la ablución. Los enfermos trataban de tocarlo pues salía de él una fuerza que los curaba a todos. Así, en los sacramentos, Cristo continúa tocándonos para sanarnos.

1505 Conmovido por tantos sufrimientos, Cristo no sólo se deja tocar por los enfermos, sino que hace suyas sus miserias. Sus curaciones eran signos de la venida del Reino de Dios y anunciaban una curación más radical que es la victoria sobre el pecado y la muerte. Por su pasión y su muerte en la Cruz, Cristo dio un sentido nuevo al sufrimiento.

1506 Cristo invita a sus discípulos a seguirle tomando a su vez su cruz. Les hace participar de su ministerio de compasión y de curación. Los discípulos predicaron la conversión, expulsaban demonios y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

1507 El Señor resucitado renueva este envío y lo confirma con los signos que la Iglesia realiza invocando su nombre. Estos signos manifiestan de una manera especial que Jesús es verdaderamente Dios que salva.

1508 El Espíritu Santo da a algunos un carisma especial de curación para manifestar la fuerza de la gracia del Resucitado. Sin embargo, ni las oraciones más fervorosas obtienen la curación de todas las enfermedades. San Pablo aprende del Señor que su gracia basta y que la fuerza se muestra perfecta en la flaqueza.

1509 La Iglesia ha recibido del Señor la tarea de sanar a los enfermos e intenta realizarla tanto mediante los cuidados que proporciona como por la oración de intercesión. Esta presencia vivificante actúa particularmente a través de los sacramentos y de manera especial por la Eucaristía.

1510 La Iglesia apostólica tuvo un rito propio en favor de los enfermos donde se pedía que llamaran a los presbíteros para que oren sobre el enfermo y le unjan con óleo. La oración de la fe salvará al enfermo y si hubiera cometido pecados le serán perdonados. La Tradición ha reconocido en este rito uno de los siete sacramentos.

1511 La Iglesia cree y confiesa que existe un sacramento especialmente destinado a reconfortar a los atribulados por la enfermedad que es la Unción de los enfermos. Este fue instituido por Cristo como un sacramento del Nuevo Testamento y recomendado a los fieles por el apóstol Santiago.

1512 En la tradición litúrgica existen desde la antigüedad testimonios de unciones practicadas con aceite bendito. Aunque con el tiempo se confirió casi exclusivamente a los que estaban a punto de morir, la liturgia nunca dejó de pedir que el enfermo recobrara su salud si convenía a su salvación.

1513 La Constitución Apostólica sobre la Unción de los Enfermos establece que el sacramento se administra a los enfermos gravemente afectados ungiéndolos en la frente y en las manos con aceite de oliva o de otros frutos de plantas debidamente bendecido. La forma del sacramento se realiza mediante la oración que pide al Señor que, por esta santa unción y su piadosísima misericordia, ayude al enfermo con la gracia del Espíritu Santo para que, libre de sus pecados, lo salve y lo alivie en su enfermedad.

II Quién recibe y quién administra este Sacramento

1514 La unción de los enfermos no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morir. Por eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez.

1515 Si un enfermo que recibió la unción recupera la salud, puede, en caso de nueva enfermedad grave, recibir de nuevo este sacramento. En el curso de la misma enfermedad, el sacramento puede ser reiterado si la enfermedad se agrava. Es apropiado recibir la sagrada unción antes de una operación importante. Lo mismo puede aplicarse a las personas de edad avanzada cuyas fuerzas se debilitan.

1516 Sólo los sacerdotes, es decir, obispos y presbíteros, son ministros de la unción de los enfermos. Es deber de los pastores instruir a los fieles sobre los beneficios de este sacramento. Los fieles deben animar a los enfermos a llamar al sacerdote para recibir este socorro espiritual.

III La Celebración del Sacramento

1517 Como en todos los sacramentos, la unción de los enfermos se celebra de forma litúrgica y comunitaria, que tiene lugar en familia, en el hospital o en la iglesia. Es muy conveniente que se celebre dentro de la Eucaristía, memorial de la Pascua del Señor. Si las circunstancias lo permiten, la celebración puede ir precedida del sacramento de la Penitencia y seguida del sacramento de la Eucaristía.

1518 Palabra y sacramento forman un todo inseparable. La Liturgia de la Palabra, precedida de un rito de penitencia, abre la celebración. Las palabras de Cristo y el testimonio de los apóstoles suscitan la fe del enfermo y de la comunidad para pedir al Señor la fuerza de su Espíritu.

1519 La celebración comprende principalmente estos elementos: los presbíteros imponen en silencio las manos a los enfermos; oran por los enfermos en la fe de la Iglesia; luego ungen al enfermo con óleo bendecido por el obispo. Estas acciones litúrgicas indican la gracia que este sacramento confiere a los enfermos.

IV Efectos de la Celebración de este Sacramento

1520 El efecto principal es un don particular del Espíritu Santo. Es una gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la fragilidad de la vejez. Esta asistencia del Señor quiere conducir al enfermo a la curación del alma, y también a la del cuerpo, si tal es la voluntad de Dios. Además, si hubiera cometido pecados, le serán perdonados.

1521 Por la gracia de este sacramento, el enfermo recibe la fuerza y el don de unirse más íntimamente a la Pasión de Cristo. El sufrimiento recibe un sentido nuevo y viene a ser participación en la obra salvífica de Jesús.

1522 Los enfermos que reciben este sacramento contribuyen al bien del Pueblo de Dios. La Iglesia intercede por el bien del enfermo y este, a su vez, contribuye a la santificación de la Iglesia y al bien de todos los hombres por los que la Iglesia sufre y se ofrece por Cristo al Padre.

1523 Es una preparación para el último tránsito. Esta última unción ofrece al término de nuestra vida terrena un sólido puente para entrar en la Casa del Padre, defendiéndonos en los últimos combates antes de entrar en la gloria.

1524 A los que van a dejar esta vida, la Iglesia ofrece, además de la Unción, la Eucaristía como viático. La Comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo en este momento es semilla de vida eterna y poder de resurrección, recibida en el momento del tránsito al Padre.

1525 Se puede decir que la Penitencia, la Santa Unción y la Eucaristía como viático constituyen los sacramentos que preparan para entrar en la Patria al final de la vida cristiana.

Resumen

1526 "¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometidos pecados, le serán perdonados".

1527 El sacramento tiene por fin conferir una gracia especial al cristiano que experimenta las dificultades de la enfermedad grave o de la vejez.

1528 El tiempo oportuno para recibirlo llega ciertamente cuando el fiel comienza a encontrarse en peligro de muerte por causa de enfermedad o de vejez.

1529 Cada vez que un cristiano cae gravemente enfermo puede recibir la Santa Unción, y también cuando, después de haberla recibido, la enfermedad se agrava.

1530 Sólo los sacerdotes pueden administrar el sacramento de la Unción de los enfermos; para conferirlo emplean óleo bendecido por el Obispo, o, en caso necesario, por el mismo presbítero que celebra.

1531 Lo esencial consiste en la unción en la frente y las manos acompañada de la oración litúrgica del sacerdote que pide la gracia especial de este sacramento.

1532 Los efectos principales son: unión del enfermo a la Pasión de Cristo, consuelo, paz, perdón de los pecados si no se pudo obtener antes, restablecimiento de la salud corporal si conviene y preparación para el paso a la vida eterna.

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Mi nombre es Cintia, soy catequista y acólita. Soy católica apostólica romana nacida en Argentina, consagrada a la Virgen María bajo el método de Luis María Grignion de Montfort, devota de la Virgen de la Medalla Milagrosa y siento un cariño muy especial por el Padre Pío de Pietrelcina y por Carlo Acutis que me ayudó con un problemita de salud el mismo día que recé ante una reliquia de él que habían traído a la Iglesia.
Me he dedicado al estudio profundo de la fe católica, y por eso consideré que podía ser útil compartir mis conocimientos. Todos los artículos los escribí basados fielmente en el Catecismo de la Iglesia Católica, la Biblia y libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea, invento u opinión mía.
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