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sábado, 1 de febrero de 2014

Carmelitas descalzos, Orden del Monte Carmelo: Origen

sábado, febrero 01, 2014

Ante un convento de Carmelitas la vida profana se detiene. La clausura de las hijas de Santa Teresa de Ávila como la de los hijos de San Juan de la Cruz no es una clausura como la de los demás conventos, sino que es una muralla de respeto, de admiración y de temor.

A los Carmelitas los encontramos en un paisaje de resonancias graves, unos edificios de arquitectura severa, donde en las celdas y en los claustros, e incluso en la capilla, durante las horas de oración priva el profundo silencio del anonadamiento voluntario. Los laudes, los maitines y las vísperas salmodiadas en el secreto de los muros son cantos dedicados exclusivamente a Dios.

En muchos ambientes las jóvenes o mujeres que toman el velo del Carmelo se consideran heroínas de la fe, casi emparedadas vivas, ya que la regla carmelita aparece como el colmo de la renunciación y del ascetismo.

Gran parte de la vida carmelitana se consagra a la oración y a la contemplación, y otra al estudio; y los hombres al apostolado y más especialmente a la dirección de conciencias.

El origen de la Orden del Monte Carmelo aparece como misterioso y recóndito. Según una tradición el origen de la misma se remonta a los tiempos del profeta Elías y los hijos de profetas agrupados a su alrededor. La Virgen María, según dicha tradición, fue a visitar a sus sucesores mientras vivía en carne mortal en el Monte Carmelo. Los testimonios de veneración que recibió allí, dieron origen con el tiempo a una de las bases de la regla carmelitana.

Esta tradición estás atestiguada en su liturgia por el culto mariano y particularmente por la conmemoración de Nuestra Señora del Carmen. Según la historia la orden fue dotada de una regla hacia el 1210 por San Alberto, patriarca de Jerusalén.

Cuando en 1235 abandonaron Tierra Santa, invadida por los sarracenos, para refugiarse en Europa, se convirtieron en orden mendicante y adaptaron su liturgia a esta nueva condición. Desde entonces cantan el oficio coral, pero conservan muchas de sus tradiciones orientales.

En la liturgia carmelitana, el santoral se desarrolló de tal manera que en 1579 no quedaba libre ni un solo día. En 1580 el Capítulo decidió una revisión y en 1584 se publicaron un nuevo breviario y un nuevo Misal. El breviario seguía el orden del nuevo breviario romano en la medida que lo permitía la diferencia del rito y el calendario santoral quedó reducido a proporciones más justas.

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