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sábado, 9 de agosto de 2014

Primera comunion: Historia, cambios en el cristianismo

sábado, agosto 09, 2014

En la Iglesia primitiva, al no estar disociados los tres ritos esenciales de la iniciación cristiana (bautismo, confirmación y comunión), los niños recibían la primera comunión el día de su bautismo.

Comulgaban bajo la especie del vino pues no podían hacerlo bajo la especie del pan, y esto era no solamente el día de su bautismo, sino todos los días de la octava Pascual, norma que entonces alcanzaba a todos.

Tampoco podían hacerlo con tanta frecuencia como los padres ni como viático al hallarse en peligro de muerte. Esta costumbre, en vigor todavía en la Iglesia oriental, desapareció en occidente hacia el siglo XII, después del IV Concilio de Letrán en el año 1215, que precisaba "que el comulgante debe poseer una clara fe personal y que el derecho a la Eucaristía no lo confiere el bautismo, sino una decisión voluntaria y una ciencia suficiente".

No obstante, hasta principios del siglo XVII se admitía que la primera recepción de la Eucaristía dependiese de la iniciativa de los padres y se efectuase durante el tiempo pascual. En el siglo XVIII el estatuto sinodal de París señalaba la edad de siete años y progresivamente la edad se elevó a 10, 12 y 14 años para los muchachos. Las divergencias respecto a este punto no cesaron hasta principios del siglo XX.

A partir de mediados del siglo XIX, se empieza a aconsejar esporádicamente la comunión de los niños pequeños, que tienen la ventaja de aportar a tan gran acto la inocencia bautismal. La Santa Sede favorecía discretamente en tal sentido los decretos provinciales.

Finalmente el papa Pío X puso fin a la controversia el 8 de agosto de 1910 con el decreto Quam singulari, en el cual entre otras cosas se indicaba: "No hay para la primera comunión una edad uniforme y fija. Se trata de un acto individual cuyo momento puede variar en cada niño. La primera comunión corresponde determinarla al confesor y a los padres y no al pastor como tal".

La primera comunión se parecía hasta el siglo XVI a las comuniones generales de las principales fiestas: adultos y niños recibían primeramente la Eucaristía bajo la especie del pan, y a esto seguía la ceremonia del cáliz. Después del concilio de Trento empezó a adquirir un nuevo aspecto y debía ser también el fin de la enseñanza recibida del catecismo. Éste término debía realizarse mediante una ceremonia que acabaría por convertir la primera comunión en comunión solemne.

Al instaurarse en el siglo XVIII la costumbre de la primera comunión solemne, se añadió la de hacer renovar a los niños llegados a la "edad de la discreción" sus promesas de bautismo. Iban en cortejo a las pilas bautismales para expresar esta profesión de fe.

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