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jueves, 28 de julio de 2016

Culto religioso del cristianismo: Imagenes, ritos, tipos de culto, signos externos

jueves, julio 28, 2016

Cuando se ama el amor se manifiesta a la vez por un sentimiento interior y por manifestaciones exteriores. Y así es el amor religioso, de la religión, que es a la vez una virtud y una cualidad viviente. Por lo tanto, la expresión de la religión es el culto.

Solamente se puede rendir culto un ser superior, del cual aceptamos la autoridad y hacia el cual experimentamos deferencia. El culto inspira un sentimiento que invade todo el ser: la inteligencia y la voluntad.

Se manifiesta en actos exteriores, que son los ritos: gestos o palabras. Sin ritos no hay culto.

La Iglesia distingue tres formas de culto según su destinatario: el que se da a los servidores de Dios, es decir a los santos, es el culto de dulía, palabra que proviene del griego doulus que significa esclavo. El culto que se da a María, claramente expresado en la salutación angélica, llamado hiperdulía. Y finalmente la adoración de Dios toma, según los teólogos, la denominación de latría, palabra que proviene del griego latréia que significa adoración.

Para un cristiano es una obligación formal el rendir culto a Dios y a todos los que merecen este honor. Nosotros debemos testimoniar nuestra sumisión a nuestro creador, y esta sumisión se debe manifestar no solamente en el alma sino también en el cuerpo. De aquí la necesidad de un culto exterior cuyos signos constituyen la liturgia.

Honrar a Dios es adorarle en todos sus aspectos. Es honrarle en la unidad de naturaleza, al mismo tiempo que en la Trinidad de las Personas. Podemos adorar al Padre, o al Hijo, o al Espíritu Santo separadamente, pero no exclusivamente; dicho de otra manera, podemos adorar sólo al Padre, sin mencionar al Hijo o al Espíritu Santo, pero esta adoración supone el culto de las otras dos Personas.

¿Qué culto corresponde a Jesucristo, que es a la vez Dios y Hombre y que, en una sola persona, posee dos naturalezas distintas?. La Santa Escritura constantemente ha proclamado la necesidad de adorar al Hijo. De hecho, no hay dos adoraciones, una para Cristo Dios y la otra para Cristo Hombre, pero si un solo culto a Cristo. Su humanidad, lo mismo que su divinidad, son objeto de ese culto porque ese culto se dirige a la persona del Verbo encarnado.

Dentro de la iglesia y fuera de ella, durante mucho tiempo se ha discutido sobre los signos externos del culto. Se ha hablado de una manera especial de idolatría a propósito de la devoción de los santos, o de signos externos que los reformadores querían suprimir, como nocivos a la sinceridad del culto interior. Pero el Papa Pío X, en la encíclica Pascendi, respondiendo a las querellas de los modernistas puntualizó de una manera definitiva la cuestión indicando que el culto nace de una doble precisión, de una doble necesidad. La primera es la de dar a la religión un cuerpo sensible y la segunda es la de propagarla, por eso ella no puede pensar en abandonar las formas sensibles ni los actos santificantes que se llaman sacramentos.

Se debe tener cuidado, por lo que se refiere a las imágenes de los santos, las reliquias, etcétera, para no ceder en una superstición que podría contaminar el culto: ciertas personas creen que tocando o besando los pies de la estatua de algún Santo o de la Virgen o de Jesús, serán atendidos en sus ruegos, o que llevando una determinada medalla como amuleto será protegido o preservado de accidentes.

Las medallas, estatuas o cualquier tipo de imágenes no deben ser adoradas, simplemente sirven al hombre como un recuerdo o una representación, del mismo modo que la foto de un ser querido nos es útil para tenerlo presente, pero obviamente esa foto, al igual que las estatuas y medallas, no es el ser querido, es simplemente un papel que nos sirve para recordarlo. Por lo tanto, es bien evidente que esta clase de honor no significa de ningún modo que imágenes o reliquias poseen un poder en ellas mismas, sino que la reverencia que le manifestamos se dirige a Cristo y a los santos que ellas representan o evocan, y esto es la veneración.

No está mal usar una cruz con devoción, pero si por ejemplo llevar una cruz magnética de gran poder para tener suerte, ya que eso es pecado de idolatría, porque estás creyendo que un objeto de metal te va a conceder un milagro.

El culto a los santos debe ser apartado de toda superstición y de consistir en la plegaria confiada y ferviente hecha por intercesión de los servidores de Dios cuya vida ha sido ejemplar

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