Dios: El Ser Supremo, Creador y Padre de la Humanidad
Actualizado el 1 de Enero del 2026
El primer artículo del Credo dice "Creo en Dios", y esto constituye el fundamento absoluto del dogma y de nuestra fe. Esta convicción no es exclusiva del cristianismo, sino que el ser humano la comparte con la casi totalidad de la humanidad, pues no existe civilización, por primitiva que sea, que no haya tenido la idea de una divinidad y el sentido de rendirle culto.
Conocimiento de Dios por la razón y la conciencia
Dios es el Ser supremo, infinitamente bueno y perfecto, creador y dueño de todas las cosas. Sólo por la razón podemos llegar a la idea de un Dios como el Motor inmóvil por quien existe el movimiento del mundo y la Causa inteligente de su armonía. Además, nuestra propia conciencia nos impone una ley moral universal que supone la existencia de un Legislador absoluto y un Juez ante el cual somos responsables.
Sin embargo, fue a los hebreos a quienes Dios confió la revelación de Su existencia única. El Dios de Israel es un Dios vivo, cuya presencia se manifiesta en la historia a través de leyes y cultos que el pueblo recibió desde sus tradiciones más antiguas, reconociéndolo como supremo y todopoderoso.
La Revelación y los atributos divinos
La Revelación alcanza su plenitud en el Nuevo Testamento con Jesucristo, Dios hecho Hombre, revelando la existencia de tres personas en un solo Dios único. Dios es uno y solo hay un Dios único, que posee la plenitud del ser y es infinitamente perfecto. Aunque la Sagrada Escritura se expresa de un modo figurado hablando de Sus ojos o Sus oídos, Dios es puro espíritu, inmutable y eterno, no tiene principio ni fin.
Como espíritu, Dios está en todas partes y es un ser personal con inteligencia infinita y voluntad perfecta. Asimismo, Dios es Providencia: gobierna Su creación con sabiduría, conduciendo a cada ser hacia su fin último.
Amor, Paternidad y Redención
El Nuevo Testamento proclama con fuerza la paternidad divina y la trascendencia de Dios, revelando Su inmenso amor por los hombres. Este amor se hizo tangible en la Encarnación y en la Redención, donde Dios se entrega para salvarnos.
Hoy, la asistencia del Espíritu Santo a la Iglesia confirma que Dios permanece con nosotros como luz, vida, camino y verdad. Su presencia constante es la garantía de un amor que no nos abandona y que nos guía por los siglos de los siglos.
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