Los Dos Símbolos de la Fe: El Credo Corto y el Credo Largo
Actualizado el 1 de Enero del 2026
La Iglesia Católica posee dos fórmulas principales para profesar su fe, compuestas en diferentes momentos de su historia. Son conocidas popularmente como el Credo largo y el Credo corto. Aunque difieren en su extensión y en la precisión de algunos términos, ambos contienen las mismas creencias fundamentales de la Iglesia Católica Apostólica Romana.
En estas profesiones de fe se encuentra condensada la totalidad de la doctrina que los creyentes deben sostener y vivir. Su vigencia es permanente, y ambos son utilizados válidamente en la liturgia y la enseñanza de la Iglesia.
El Credo de los Apóstoles (Credo Corto)
Este símbolo es considerado el resumen esencial de la fe cristiana. Se le denomina "de los Apóstoles" porque constituye el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia de Roma. Su estructura se divide tradicionalmente en doce artículos, que representan los pilares de la enseñanza apostólica:
- Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.
- Y en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
- Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen,
- Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado,
- Descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos,
- Subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
- Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
- Creo en el Espíritu Santo,
- La santa Iglesia católica, la comunión de los santos,
- El perdón de los pecados,
- La resurrección de los muertos,
- Y la vida eterna. Amén.
El Credo de Nicea-Constantinopla (Credo Largo)
Esta versión es más extensa debido a que es más explícita en sus definiciones teológicas, especialmente en lo que respecta a la divinidad de Jesucristo y del Espíritu Santo. Su nombre se debe a que es el fruto de dos grandes concilios de la Iglesia primitiva: el Concilio de Nicea (año 325) y el Concilio de Constantinopla (año 381).
- Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
- Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho;
- Que por nosotros los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
- Y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; Padeció y fue sepultado,
- Y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
- Y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;
- Y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
- Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
- Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
- Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados.
- Espero la resurrección de los muertos
- Y la vida del mundo futuro. Amén.
Validez y Vigencia
Es fundamental entender que ambos Credos son plenamente válidos y vigentes. Mientras que el símbolo corto es común en el rezo del Rosario y en la catequesis inicial, el símbolo largo suele recitarse en la Santa Misa para subrayar con mayor detalle las verdades que nos unen como comunidad católica universal.
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