Mi nombre es Laura y soy católica apostólica romana.
En este sitio voy a ir compartiendo material de mi extensa biblioteca de libros de autores reconocidos y aprobados por la Iglesia Católica Apostólica Romana.
Los artículos, si bien están redactados por mí, están basados fielmente en los originales sin cambiar el significado ni omitiendo opinión alguna.
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23 de junio de 2012

Los enemigos del alma: Mundo, demonio y carne; Tentaciones

23.6.12

Los enemigos del alma son tres Mundo, Demonio y Carne. Éstos nos llevan a desobedecer a Dios.

  • Mundo:

Se lo vence aprendiendo a valorar las cosas como las valoran Dios y los santos, no como lo hace la gente sin fe que tiene un modo de pensar completamente materializado, restándole importancia a Dios y a sus mandamientos.

Esto es a lo que llamamos secularismo, es decir, obrar de acuerdo a las costumbres, modas o ideas de la gente sin fe, sin moral y sin Dios, organizando la vida como si Él no existiera dándole importancia solamente a lo que le guste a nuestro cuerpo, al orgullo, o a la avaricia.

La escala de valores para Dios es la siguiente:

  1. amar a Dios y cumplir sus mandamientos
  2. amar al prójimo y tratarlo como deseamos que nos traten a nosotros
  3. perfeccionarse a si mismo lo más posible


En contraposición a esta pirámide, la escala de valores del mundo es

  1. tener mucho dinero
  2. darle al cuerpo todos los gustos que quiera
  3. obtener muchos honores, mucha fama y muy altos puestos

Obviamente seguir la escala de valores de Dios nos dan paz en esta vida y premio eterno en el cielo, mientras que la del mundo sólo trae angustias, miedos, preocupaciones y el peligro de condenarse eternamente.

  • Demonio:

La única forma de vencerlo es con oración, con fe, con sacrificios y rechazando todo lo malo.

  • Carne:

La forma de vencerla es no dando consentimiento a las tentaciones impuras que produce nuestro cuerpo. No es pecado tener tentaciones, el pecado radica en consentirlas. Dios las permite para darnos ocasión de aumentar nuestros méritos y premio en el cielo al luchar contra ellas para demostrarle a Dios que lo amamos a Él antes que nada.

Para no caer en la tentación la Iglesia nos recomienda confesarse, comulgar, asistir a la Santa Misa, evitar las ocasiones de pecar, evitar las amistades peligrosas, pensar en el Juicio y la Eternidad que nos esperan, y hacer sacrificios.

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