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sábado, 23 de julio de 2016

Crismera, corporal, palia, purificador: Elementos liturgicos

sábado, julio 23, 2016

  • CORPORAL

El corporal es una tela que se coloca en el altar para que sobre él descanse el cáliz que contiene el vino ofrecido para el sacrificio y el copón con las pequeñas hostias. Debe ser bendecido

Antiguamente el corporal era del mismo tamaño de la mesa del altar, pues en ese entonces no existían las hostias pequeñas y por lo tanto se ofrecía y se consagraba pan de tamaño mucho mayor. En la actualidad el corporal es una tela cuadrada que tiene aproximadamente unos 60 cm de cada lado. Es fundamental que la tela sea de cáñamo o de lino, pues está prohibido cualquier otro tejido.

Lleva bordada una cruz pequeña, pero no debe tener relieve, para que no haya peligro de que quede retenida ninguna mínima partícula de la hostia.

  • CRISMERA

Las crismeras son unas ánforas de plata o de estaño que sirven para guardar los Santos Óleos.

Deben tener una tapa que se ajuste bien.

Las crismeras destinadas a contener los Santos Óleos reciben una bendición especial.

  • PALIA

La palia se emplea para cubrir el cáliz para preservarlo del polvo y de los insectos. Antiguamente no se distinguía del corporal y se cubría con un extremo de aquél.

La palia actualmente es una tela doble y cuadrada de unos 12 a 15 cm de lado que se la adorna con algún símbolo eucarístico o una pequeña cruz en su centro. En algunos países para mantenerla rígida se introduce un cartón entre las dos telas que resultan de doblarla, costumbre que no se practica en Roma.

  • PURIFICADOR, ABLUCION

La ablución es el momento en la misa en que el sacerdote después de la comunión lava sus dedos con el vino y el agua que se vierte en el cáliz para evitar que permanezcan adheridas a sus dedos pulgar e índice partículas de la sangrada hostia.

Luego bebe esta mezcla y seca sus labios y el cáliz con el purificador, que es el paño destinado a enjugar el cáliz.

Al igual que el corporal y la palia que se han utilizado en la misa, el purificador no debe darse a lavar a un laico (aunque sea religioso) sin que antes no lo haya purificado un clérigo que posea órdenes mayores.

El agua de esta purificación debe arrojarse a la piscina o al fuego.

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