Ornamentos y Objetos Sagrados del Altar: Dignidad en el Sacrificio
Actualizado el 1 de Enero del 2026
El corporal es una tela que se coloca en el altar para que sobre él descanse el cáliz que contiene el vino ofrecido para el sacrificio y el copón con las pequeñas hostias. Debe ser bendecido
En la celebración de la Eucaristía, la Iglesia utiliza diversos objetos y lienzos sagrados que no solo cumplen una función práctica, sino que manifiestan el respeto y la adoración debida a la presencia real de Cristo. Estos elementos deben ser bendecidos y tratados con especial cuidado.
El Corporal: El lienzo del Sacrificio
El corporal es una tela cuadrada (actualmente de unos 60 cm por lado) que se despliega sobre el altar para que sobre él descansen el cáliz y el copón. Su nombre proviene del "Cuerpo" del Señor, que reposará sobre este lienzo.
Antiguamente, el corporal era del mismo tamaño de la mesa del altar, ya que se consagraban panes de mayor dimensión. Hoy en día, debe ser obligatoriamente de cáñamo o lino, prohibiéndose cualquier otro tejido. Lleva bordada una pequeña cruz sin relieve para evitar que alguna partícula de la Hostia quede retenida en el bordado.
La Palia: Protección para el Cáliz
La palia es un lienzo cuadrado y rígido (de 12 a 15 cm) que se utiliza para cubrir el cáliz, preservándolo del polvo o de los insectos. En sus orígenes, no se distinguía del corporal y se utilizaba un extremo de este para cubrir el vaso sagrado.
Suele estar adornada con símbolos eucarísticos. En algunos lugares, se introduce un cartón entre las dos telas para mantenerla rígida, aunque en la tradición romana se prefiere mantener la sencillez del tejido.
El Purificador y el rito de la Ablución
El purificador es el paño destinado a enjugar el cáliz y los labios del sacerdote. Su uso está íntimamente ligado al momento de la ablución:
- La Ablución: Después de la comunión, el sacerdote lava sus dedos índice y pulgar con vino y agua sobre el cáliz. Esto se hace para asegurar que ninguna partícula de la Sagrada Hostia quede adherida a sus dedos.
- Consumo y Secado: El sacerdote bebe esta mezcla y procede a secar el cáliz con el purificador.
Debido a que estos lienzos (corporal, palia y purificador) han estado en contacto directo con las Especies Sagradas, existe una norma estricta: no deben ser lavados por laicos sin que antes un clérigo de órdenes mayores realice una primera purificación manual. El agua de esta limpieza inicial debe arrojarse en la "piscina" (el sumidero sagrado que va directamente a la tierra) o al fuego.
La Crismera: Custodia de los Santos Óleos
Fuera del altar, pero de igual importancia, encontramos las crismeras. Son ánforas de plata o estaño destinadas a guardar los Santos Óleos (Santo Crisma, Óleo de los Catecúmenos y Óleo de los Enfermos).
Para garantizar la integridad de los óleos, deben tener una tapa que ajuste perfectamente. Al igual que los lienzos del altar, las crismeras reciben una bendición especial que las consagra para su uso litúrgico en los sacramentos.
La belleza de la liturgia en los pequeños detalles
Cada uno de estos objetos nos enseña que, para Dios, nada es pequeño ni carece de importancia. El cuidado escrupuloso del corporal o el respeto en el lavado del purificador nos recuerdan que estamos ante el Misterio de la Fe. Estos elementos materiales se ponen al servicio de lo espiritual, ayudando al fiel a comprender, a través de los sentidos, la santidad de lo que ocurre sobre el altar: el encuentro vivo entre el Creador y su pueblo.
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