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viernes, 28 de febrero de 2014

Miercoles de Ceniza: Imposicion de las cenizas, Cuaresma

viernes, febrero 28, 2014

La cuaresma empieza con una ceremonia a la cual no obliga a asistir ningún precepto, ni de Dios ni de la Iglesia, pero que, por su simplicidad y gravedad, es una de las más conmovedoras de la liturgia: la bendición de las cenizas.

Son numerosos los fieles que en toda la cristiandad van a recibir de manos del sacerdote la ceniza simbólica que el ministro de Dios pone sobre la frente en forma de cruz, el miércoles siguiente al domingo de quincuagésima.

La imposición de las cenizas es una alusión a la muerte inevitable del cuerpo, pero si bien no podemos librarnos de esta muerte física, sí en cambio nos es posible evitar la muerte del alma gracias a la penitencia y a la renuncia del pecado.

Antiguamente el ayuno cuaresmal empezaba el Miércoles de Ceniza y se prolongaba hasta el Sábado Santo. Hoy únicamente son días de ayuno el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

Las cenizas representan la fragilidad humana. En el Antiguo Testamento se lee que los judíos se cubrían de ceniza, se prosternaban en ella o comían pan mezclado con la misma para expiar sus pecados o alejar los sufrimientos de las enfermedades.

La ceniza de los holocaustos se consideraba sagrada y la costumbre de cubrirse la cabeza con ellas para expresar gran arrepentimiento o aflicción se remonta a tiempos muy antiguos, donde ya los ninivitas se cubrieron la cabeza de cenizas al oír la predicción de Jonás, y David expidió con cenizas sus iniquidades.

Más adelante, los penitentes, que recibían el sacramento de la penitencia como una especie de segundo bautismo, se presentaban en el comienzo de la cuaresma cubiertos de ceniza y revestidos de un silicio. El Jueves Santo, al terminar la penitencia, se les reconciliaba mediante la absolución.

En la liturgia católica se emplea la ceniza al principio de la cuaresma, o sea el Miércoles de Ceniza, donde el misal romano prescribe que esta ceniza se obtenga quemando los ramos bendcidos el año anterior y que con este fin se debieron guardar cuidadosamente. El celebrante, llevando una capa morada (color de penitencia), bendice las cenizas pidiendo a Dios que llene del espíritu de compunción a todos los que las reciban con espíritu de humildad y en reparación de sus pecados, y luego las impone diciendo "Eres polvo y en polvo te convertirás" o "Conviértete y cree en el evangelio"

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