Las Decretales: El Corazón Legislativo de la Historia de la Iglesia
Actualizado el 1 de Enero del 2026
En el ámbito del derecho canónico, las decretales son ordenanzas o constituciones de los Papas que poseen un alcance general. Estas leyes están destinadas a la Iglesia entera o, al menos, a una de sus partes notables, como provincias eclesiásticas completas.
Históricamente, estas cartas pontificias tenían una importancia suprema. Aunque muchas de ellas nacieron como respuesta a consultas particulares, su contenido era tan relevante que se copiaba reiteradamente para que todas las Iglesias conocieran la voluntad del Santo Padre, formando así colecciones inmensas que rigen la disciplina eclesiástica.
Evolución: Del Decreto de Graciano a las Grandes Colecciones
La actividad legislativa de los Papas se intensificó notablemente a partir del año 1140. Este cambio fundamental ocurrió gracias al Decreto de Graciano, una obra recopilada por el monje del mismo nombre que puso orden al caos de leyes anteriores.
A partir de este momento, comenzó la época de mayor brillo del derecho canónico. Entre el año 1140 y 1234, la producción de decretales fue tan abundante que terminaron agrupándose en múltiples compilaciones privadas. En general, el período de mayor escritura de decretales pontificias abarca desde el siglo IV hasta el siglo XV, marcando la estructura jurídica que conocemos hoy.
El Decreto y su Valor Judicial
Es importante distinguir entre el concepto de decretal y el de decreto. En derecho canónico, el decreto puede entenderse desde dos perspectivas:
- Acto Legislativo: Es la forma en que se presenta cualquier ley eclesiástica, independientemente del legislador. Un ejemplo claro son las leyes promulgadas por el histórico Concilio de Trento.
- Acto Judicial: Desde el punto de vista de los tribunales eclesiásticos, se llama decreto a todo juicio o resolución que no constituye el juicio definitivo de una causa.
El Misterio de las "Falsas Decretales"
Dentro de la historia canónica, existe una colección famosa conocida como los falsos decretales (o Pseudoisidorus). Esta colección, que apareció a mediados del siglo IX, está dividida en tres partes y contenía decretales de papas y cánones de concilios antiguos.
Aunque hoy sabemos que algunos de esos documentos fueron redactados o alterados para proteger la independencia de la Iglesia frente al poder laico, en su momento formaron parte del corpus legal que ayudó a centralizar la autoridad espiritual en Roma.
La Ley al Servicio de la Fe
Las decretales no son meros documentos burocráticos; son el testimonio de cómo la Iglesia ha buscado, siglo tras siglo, organizar la caridad y la justicia. Al estudiar estas leyes, descubrimos que la Iglesia es una sociedad viva que necesita normas claras para proteger la fe y asegurar que la misión de salvación llegue a todos los rincones del mundo. La sabiduría contenida en estas colecciones sigue siendo, hasta hoy, la base sobre la cual se asienta el orden y la unidad del Cuerpo Místico de Cristo.
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