El Descenso de Cristo a los Infiernos: La Liberación de los Justos
Actualizado el 1 de Enero del 2026
La frase "descendió a los infiernos" forma parte del símbolo de la fe según el texto del catecismo del Concilio de Trento. Esta aserción significa que, tras su muerte y antes de su resurrección, mientras su cuerpo permanecía en el sepulcro, su alma descendió al limbo. Es decir, la persona divina del Verbo estuvo presente en el limbo con su alma humana
Esta creencia fue común y expresada desde la antigüedad, constituyendo un artículo fundamental de la fe católica. Ya en el año 359, concilios de obispos profesaban que Cristo descendió a los infiernos y que, ante su presencia, los porteros del abismo se estremecieron. Finalmente, en el siglo XIII, dos concilios ecuménicos definieron solemnemente este dogma.
¿Jesús descendió al Infierno según el Credo? Explicación de los Infiernos
Una de las frases más enigmáticas del Credo de los Apóstoles es la que afirma que Jesucristo "descendió a los infiernos". Para muchos fieles modernos, esta expresión resulta confusa, pues asocian la palabra únicamente con el lugar de condenación eterna. Sin embargo, en el contexto teológico y bíblico, el término tiene un significado distinto y profundo relacionado con la victoria de Cristo sobre la muerte.
Cuando el Credo menciona los "infiernos" (en plural), no se refiere al Gehena o al castigo de los condenados. Se refiere al "Seno de Abraham" o "Hades", el lugar donde residían las almas de los justos que habían muerto antes de la venida del Mesías. Según la doctrina cristiana, estas personas estaban privadas de la visión de Dios, esperando la redención que solo Cristo podía otorgar a través de su sacrificio.
El descenso de Jesús a este lugar ocurrió entre su muerte en la cruz y su resurrección al tercer día. No fue un descenso de castigo, sino de triunfo. Jesús no fue a los infiernos para liberar a los condenados ni para destruir el infierno de la perdición, sino para liberar a los justos que le habían precedido y abrirles finalmente las puertas del Cielo.
Esta distinción es fundamental: mientras que el "Infierno" (en singular) es el estado de autoexclusión definitiva de Dios, los "infiernos" del Credo representan la morada de los muertos a la que Cristo bajó como Salvador. Al hacerlo, demostró que su señorío se extiende sobre todo el cosmos, incluyendo las profundidades de la muerte, cumpliendo así la promesa de que ni siquiera los lazos del Hades podrían retener la vida divina.
La liberación de los santos y los justos
Cristo descendió en su alma a los infiernos, transportándose realmente en su propia sustancia desde el momento de la muerte hasta la resurrección. El propósito principal de este acto fue la liberación de los justos o de los santos, tanto judíos como gentiles, que esperaban la redención.
Desde la llegada de Cristo al limbo, las almas de los justos fueron liberadas del obstáculo que les impedía ver a Dios, gozando de la dicha de su presencia. No obstante, estos santos esperaron a que Cristo ascendiera triunfante al cielo (la Ascensión) para subir ellos también a la gloria eterna.
Fundamentos en el Nuevo Testamento
Existen diversas citas en el Nuevo Testamento según las cuales Jesús "resucitó de entre los muertos" (Hch 3, 15; Rm 8, 11; 1 Co 15, 20). Estas expresiones suponen necesariamente que, antes de la resurrección, el Señor permaneció en la morada de los muertos, cumpliendo así con las profecías y llevando la salvación a todas las generaciones pasadas (Hb 13, 20; 1 P 3,18-19).
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