¿Quién fue y qué hizo San Francisco de Asís?
Actualizado el 1 de Enero del 2026
San Francisco de Asís nace en el año 1182 y muere en el 1226. Es el fundador de los Franciscanos, de las Clarisas y de la primera Tercera Orden. Se le llamaba el Trovador de Dios.
Francisco nació en Asís, Italia. Fue bautizado con el nombre de Juan, pero sus compañeros lo llamaban Francisco, debido al acento francés que tenía por su madre.
Un día de mercado, cuando estaba solo en la tienda de su padre, entró un pobre. Francisco, ocupado en atender a un cliente, no le prestó atención al principio, pero, cuando se dio cuenta de que el mendigo se había marchado, avergonzado de su indiferencia, salió a su persecución, dejando abierta la tienda, y le dio su manto y todo el dinero que tenía.
Más adelante estalla la guerra entre Perusa y Asís. Francisco se alista como soldado pero cae prisionero. Tenía veintidós años cuando una grave enfermedad que contrajo a su regreso determinó en él el primer cambio.
Había tomado gran afecto al sol que había activado su convalecencia, y siempre que el sol brillaba, Francisco sentía henchido de alegría su corazón.
Un día, uno de sus compañeros, al verle tan alborozado, le preguntó si estaba pensando en el matrimonio y él respondió que sí, que se iba a casar con la Pobreza.
Un día se retiró a una cueva. Allí encontró a un leproso y le dio su bolsa. Al ver la llaga que roía la mano que recibía la limosna, se inclinó y besó la mano. Entonces se sintió invadido de una alegría inefable. Los leprosos fueron los primeros en darle el nombre de San Francisco. A partir de ese momento frecuentó la pequeña iglesia de San Damián situada en pleno campo.
¿No ves que mi casa está en ruinas?
El episodio en la iglesia de San Damián representa el punto de inflexión definitivo en la transición de Francisco de joven mercader a místico reformador. Mientras oraba frente al crucifijo de estilo bizantino, Francisco experimentó una locución sobrenatural que no solo transformaría su vida, sino el rumbo de la cristiandad medieval. La voz que emanaba de la imagen le decía:
"Francisco, ¿no ves que mi casa está en ruinas? Anda y repáramela."
En su literalidad inicial, Francisco interpretó este mandato como una tarea de reconstrucción física. Motivado por un celo impulsivo, regresó a la tienda de su padre, Pedro de Bernardone, tomó los fardos de telas más valiosas y, tras venderlos junto con su propio caballo, intentó entregar el dinero al sacerdote de San Damián. Este acto de despojo material marcó el inicio de su conflicto con el orden social establecido; su padre, al ver amenazado su patrimonio y prestigio, lo acusó de ladrón ante las autoridades civiles y, finalmente, ante el tribunal del obispo de Asís.
El juicio ante el obispo Guido fue el escenario de una de las renuncias más radicales de la historia religiosa. Al ser instado a devolver el dinero, Francisco no solo entregó las monedas, sino que se despojó de todas sus vestiduras frente a la multitud, declarando que desde ese momento ya no llamaría padre a Pedro de Bernardone, sino "Padre Nuestro que estás en los cielos". Este gesto simbolizó la ruptura total con la herencia familiar y el sistema de propiedad, refugiándose inicialmente en el bosque de los montes Subasio como un ermitaño errante.
Vestido con una ruda túnica de aldeano, ceñida con una cuerda que se convertiría en el símbolo de su orden, Francisco inició la restauración física de San Damián y otras iglesias como San Pedro y la Porciúncula. Sin embargo, este trabajo manual con piedras y argamasa era solo el preludio de una misión mucho más vasta: la reparación de la "Iglesia viva". Con el tiempo, Francisco comprendió que la "casa en ruinas" a la que se refería el Crucifijo era la estructura misma de la Iglesia católica, debilitada por la corrupción y el alejamiento de los valores evangélicos. Así, su obra de albañilería se transformó en una reforma espiritual basada en la pobreza, que daría origen a la Primera, Segunda y Tercera Orden, reconstruyendo los cimientos del cristianismo desde la humildad y el servicio.
¿Qué hizo San Francisco de Asís para llegar a ser santo y cuál fue su Orden?
El primero en escuchar las palabras del Santo fue un rico mercader llamado Bernardo de Quintavalle, seguido por el canónigo Pedro.
El 16 de abril de 1209, la ciudad asiste a un extraño espectáculo: en medio de la plaza de San Jorge, el rico Bernardo, el canónigo Pedro, y el mendigo Francisco, echaban puñados de monedas de oro que iban sacando de un saco: era toda la fortuna de Bernardo.
Pronto el grupo de tres se compuso de ocho. Entonces se separaron, y de dos en dos echaron a andar hacia los cuatro puntos cardinales para predicar el Evangelio. Cuando regresaron ya eran doce.
Entonces Francisco redactó una regla y fue a postrarse hacia los pies del pontífice para que la aprobase. Felizmente Inocencio III la aprobó el 16 de abril de 1210. Los doce se instalaron en una antigua abadía benedictina y allí se les unió un sacerdote, Silvestre, y una joven, la más hermosa de Asís, llamada Clara.
En aquella época, centenares de personas pedían a Francisco que les admitiese como discípulos. Fue entonces cuando fundó la Tercera Orden, cuyo fin era conciliar las obligaciones de este mundo con la regla franciscana.
Un día en que, ya medio ciego, estaba solo en el monte donde se había retirado, tuvo una visión sobrenatural durante la cual lanzó un grito de dolor mezclado con una alegría extática.
Desde entonces y hasta su muerte, llevó las señales de las cinco llagas de Cristo. Después de que Santa Clara lo asistiera en San Damián, fue trasladado a Asís. El Canto del Hermano Sol que había compuesto pocos días antes, ha quedado como el más hermoso poema de la lengua italiana. Los hechos de su vida, recogidos por sus discípulos, son conocidos con el nombre de Florecillas.
Muerte y festividad
San Francisco de Asís falleció al atardecer del 3 de octubre de 1226 en la Porciúncula, el lugar donde comenzó su orden. Al sentir que se acercaba su fin, pidió ser colocado desnudo sobre la tierra para morir en total desapego de los bienes materiales, en perfecta imitación de Cristo. Rodeado de sus hermanos, les pidió que cantaran el "Cántico de las Criaturas" y dio la bienvenida a la "Hermana Muerte" con una serenidad admirable.
Se cuenta que, en el momento de su partida, una bandada de alondras -aves que suelen cantar al amanecer- se posaron sobre el techo de la choza y comenzaron a cantar al unísono, despidiendo al santo que tanto amor había mostrado por toda la creación. Francisco partió de este mundo llevando en su cuerpo los estigmas de la Pasión, las llagas de Cristo que recibió milagrosamente dos años antes en el monte Alvernia.
Su festividad se celebra el 4 de octubre. Fue canonizado apenas dos años después de su muerte, en 1228, por el Papa Gregorio IX. Sus restos descansan en la majestuosa Basílica de San Francisco en Asís, Italia, lugar que atrae a millones de peregrinos. Es el patrono de los animales, de los ecologistas y de Italia, y su legado de paz y bien continúa siendo un faro de humildad para toda la humanidad.
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