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viernes, 10 de mayo de 2013

Año liturgico: Ciclo temporal completo tiempo de Navidad y de Pascua

viernes, mayo 10, 2013

El ciclo temporal del Año Litúrgico se conforma por el ciclo de Navidad, y el de Pascua.

En el Ciclo de Navidad el principal objeto es recordarnos la transformación radical introducida en la vida de los hombres por la Encarnación del Verbo. Al venir al mundo para revestirse de nuestra humanidad, el hijo de Dios no solamente se convirtió en uno de nosotros sino que nos ofreció la posibilidad de llegar a ser verdaderos hijos de Dios y un nuevo pueblo, una raza santa que Él con su vida divina anima y conduce hasta los eternos destinos.

En este ciclo encontramos el Tiempo de Adviento que consta de cuatro semanas y empieza el domingo más próximo al 30 noviembre. Durante este tiempo, la liturgia gira alrededor de Isaías, San Juan Bautista y la Santísima Virgen María. La Iglesia nos hace repetir las llamadas al Mesías que resuenan a través del antiguo testamento cada vez más apremiantes a medida que se acerca la Navidad. El fin que persigue es inculcarnos por medio de los textos litúrgicos que utiliza un ardiente deseo de la llegada de Cristo.

El Tiempo de Navidad empieza el 24 diciembre y termina el 13 enero. Durante este período celebramos la llegada del Salvador al mundo. El misterio de la Encarnación nos procura la salvación y la vida sobrenatural de hijos de Dios, por esta razón la Iglesia ha escogido para la misa del día de Navidad el Evangelio de San Juan.

La Epifanía, vocablo griego que significa manifestación, es una prolongación de la Navidad y es el misterio de un Dios que se hace visible pero no ya a los judíos únicamente. Y los principales acontecimientos que rodearon el nacimiento de Jesús se conmemoran con fiestas particulares como la de los Santos Inocentes, la Circuncisión y la fiesta del Santo Nombre de Jesús.

El Tiempo después de la Epifanía empieza el 14 enero y termina en la Septuagésima, cuya fecha, que varía con la de la Pascua puede oscilar entre el 18 enero y el 22 febrero. Durante las semanas que no pertenecen propiamente a los dos grandes ciclos litúrgicos las misas expresan las relaciones constantes del pueblo cristiano con su Dios. En este período los Evangelios insisten acerca de la fe en la divinidad de Jesucristo y en su ayuda omnipotente. Los ornamentos en las misas de los domingos son de color verde.

El ciclo de Navidad propiamente dicho termina el día 2 febrero que es la fiesta de la Purificación de María pero hay que tener en cuenta la movilidad de la Septuagésima pues si ésta es anterior a la Purificación se produce una interferencia con el ciclo de Pascua, y en cambio, sí es posterior se prolonga unos días más el ciclo de Navidad mediante el llamado tiempo después de la Epifanía..

El Ciclo de Pascua gira alrededor de la Pasión y de la Resurrección mediante las cuales se cumple nuestra redención, empezando el domingo de Septuagésima y termina el último día del año litúrgico pues el tiempo después de Pentecostés no es más que una continuación de la Pascua.

El Tiempo de la Septuagésima recibe el nombre de antecuaresma. Empieza entre el 1 de enero y el 22 febrero y termina el martes anterior al Miércoles de Ceniza en la séptima semana antes de Pascua. En este período la Iglesia empieza por introducirnos en las profundidades de la decadencia humana como consecuencia del pecado original y de la caída de Adán. Y se anuncian la Pasión y la Resurrección. Los Evangelios están llenos de esperanza para los que respondan a la llamada del Salvador. El color de los ornamentos es morado.

El Tiempo de Cuaresma empieza el Miércoles de Ceniza y termina el Sábado Santo. Cada día de este período tiene su misa propia. El tiempo de Cuaresma nos une más estrechamente a la obra redentora del Salvador al invitarnos al ayuno y a la penitencia. Paralelamente a este esfuerzo personal la Iglesia nos presenta la Cruz de Cristo.. La liturgia no cesa de recordarnos que formamos parte de un inmenso conjunto en el que somos solidarios de toda la humanidad que Cristo ha rescatado.

El Miércoles de Ceniza, día que inaugura este período, la Iglesia nos pide que hagamos penitencia y para recordarnos la sentencia de muerte vierte ceniza sobre nuestras cabezas. El Evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto proclama por anticipado la victoria de Cristo, nuevo Adán que triunfa donde el primer Adán había sucumbido, victoria que es también la nuestra. El cuarto domingo es un anticipo de la alegría de Pascua que se manifiesta en los ornamentos rosados.

El Tiempo de la Pasión comprende las dos semanas que preceden a la fiesta de Pascua durante las cuales la Iglesia pone gran empeño en hacernos contemplar y revivir las circunstancias que prepararon y rodearon la muerte del Salvador. La confesión y la comunión pascual renueva nuestra vida cristiana al sumergirla de nuevo en las fuentes vivas de la Pasión y de la muerte del Salvador para hacernos morir con el pecado y revivir con su vida de resucitado, así se realiza nuestra Pascua o paso de este mundo a su Creador.

La liturgia de este tiempo refleja al contraste sorprendente entre el odio cada vez más feroz de los enemigos de Jesús y la grandeza divina de Cristo. En el Domingo de Ramos la bendición de las palmas y la procesión representan la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.

El Jueves Santo conmemora la Iglesia la institución de la Eucaristía y del sacerdocio católico. El Señor sabiendo que se tramaba su muerte instituyó el medio de perpetuar su sacrificio e inmortalizar su presencia entre nosotros. El Evangelio del día refiere la escena en que Jesús lavó los pies a los apóstoles.

El oficio del Viernes Santo en que la Iglesia expresa los sentimientos de Cristo durante su Pasión se compone de la solemne acción litúrgica vespertina que consta de lectura, oraciones, adoración de la Cruz y comunión. En este día, aniversario de la muerte del Salvador, la Iglesia no celebra el santo sacrificio de la misa, pero si los fieles pueden recibir la sagrada comunión. El tabernáculo está vacío y abierto y se apaga las lámparas que arden durante el año en honor de la presencia real hasta la vigilia pascual.

El Sábado Santo es la conmemoración del Santo silencio que precedió a la resurrección de Cristo, es un día de Santa expectación en que todo, a medida que el paso de las horas nos acerca al gran acontecimiento, invita a concentrar nuestra atención en el sepulcro sumido en el más absoluto silencio que al empezar el domingo se trocará en estrepitoso júbilo por el triunfo del Salvador. La ceremonia de la vigilia pascual empieza con la bendición del fuego nuevo y continúa con las cuatro lecturas que nos recuerdan que Dios creó todas las cosas buenas, que les desenvolvió su primitiva bondad al redimirnos y que mediante el bautismo nos abrió de nuevo las puertas del cielo.

El Tiempo de Pascua empieza con la vigilia pascual y termina el sábado siguiente a Pentecostés. En este tiempo se celebran los tres misterios de la Resurrección, Ascensión y descenso del Espíritu Santo. Pascua es el punto culminante del ciclo litúrgico donde la Iglesia celebra el aniversario del triunfo de Jesús sobre la muerte, triunfo hacia el cual se dirigían todos los hechos de su vida y acontecimiento central de toda la historia.

El día de la Ascensión es el día que se corona toda la vida de Jesús y se introduce en el cielo el Cristo resucitado. Después del canto del Evangelio se apaga definitivamente el cirio pascual cuya llama simboliza la presencia de Cristo que ya se ha remontado a los cielos después de haber prometido la llegada del Espíritu Santo.

Con Pentecostés empieza una nueva era en la historia de la humanidad gracias a la difusión de la vida divina en la Iglesia y en las almas por el don del Espíritu Santo. En este día la Iglesia nació en el cenáculo y Pedro, jefe de los apóstoles se convirtió un pescador de hombres.

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