La Virgen de Luján: La Patroncita Morena que eligió su hogar
Actualizado el 1 de Enero del 2026
La historia de la Virgen de Luján, patrona de la República Argentina, comienza en el año 1630. Antonio Farías Saa, un hacendado portugués radicado en Santiago del Estero, deseaba levantar una ermita en honor a la Virgen María en su estancia. Para ello, le escribió a un amigo residente en Brasil pidiéndole que le enviara una imagen de la madre de Jesús.
En respuesta, el amigo le envió dos imágenes: una que representaba a la Virgen con el niño en brazos (conocida posteriormente como la Virgen de Sumampa) y otra que representaba la Inmaculada Concepción. Ambas llegaron al puerto del Río de la Plata en mayo de 1630 y emprendieron el viaje hacia el norte en una caravana de carretas.
El Milagro en el Paso de los Morales
Al llegar al paraje conocido como el Paso de los Morales, la caravana se detuvo para acampar. Sin embargo, al día siguiente, cuando quisieron retomar el viaje, la carreta que transportaba las imágenes no podía ser movida. A pesar de los esfuerzos y de sumar otras yuntas de bueyes para tirar del carro, este permanecía inamovible.
Sospechando que el peso de la carga era el problema, decidieron descargar uno de los cajones, pero la carreta seguía sin arrancar. Al realizar la prueba inversa (subir ese cajón y bajar el otro), los bueyes comenzaron a tirar de la carreta sin ninguna dificultad. Los presentes repitieron el cambio y comprobaron que la carreta solo se trababa cuando el cajoncito de la Inmaculada estaba arriba.
Al abrir dicho cajón, descubrieron la pequeña imagen de terracota. Todos comprendieron que la Virgen deseaba quedarse allí. La imagen fue llevada a la vivienda más cercana, perteneciente a la familia de Don Rosendo, quien le construyó una ermita donde permaneció desde 1630 hasta 1674. En aquel tiempo se la conocía como "La Virgen Estanciera" o "La Patroncita Morena".
Manuel y el traslado definitivo
Un joven llamado Manuel, que había sido vendido como esclavo en Brasil, fue testigo del milagro y se consagró al servicio de la imagen durante toda su vida. Tras la muerte de Don Rosendo, la señora Ana Mattos de Siqueyras ofreció su casa para cuidar a la Virgen, pero inicialmente lo hizo sin Manuel.
Esto dio lugar a un nuevo prodigio: al día siguiente del traslado, la imagen aparecía de nuevo en su humilde ermita original. El hecho se repitió hasta que decidieron trasladarla con gran pompa pero incluyendo a Manuel. Fue así como la Virgen se quedó definitivamente en esos terrenos, donados por Ana Mattos en 1677, donde hoy se levanta la actual Basílica de Luján.
Características de la imagen y coronación
La imagen original de la Virgen de Luján es pequeña, mide solo 38 cm de alto y está modelada en terracota (arcilla cocida). Fue el Padre Salvaire quien se dedicó a su cuidado integral, haciéndola recubrir con una coraza de plata para impedir que el material se disgregara con el paso del tiempo. Posteriormente, se la embelleció con una aureola de 12 estrellas y su característico manto.
El 8 de mayo de 1887 fue coronada con una corona de oro y pedrería bendecida por el Papa León XIII, quien también le otorgó Oficio y Misa propios. En el año 1930, al cumplirse 300 años de su llegada, el Papa Pío XI la proclamó formalmente como patrona de Argentina, Uruguay y Paraguay.
Como dato histórico reciente, el 29 de abril de 2012, al cumplirse 125 años de la coronación, el Cura Párroco y Rector de la Basílica, presbítero José Daniel Blanchoud, presidió la Misa donde se realizó el tradicional cambio de manto a la imagen, manteniendo viva la devoción que nació hace casi cuatro siglos.
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