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Infografía Calendario litúrgico Mariano de Abril dia por dia. Lista de fiestas Marianas

Fiestas y Advocaciones Marianas de Cada Día del Mes de Abril Listado Principal Completo Actualizado el 26 de Marzo del 2026 La Iglesia católica admite numerosas advocaciones que significan la figura de la madre de Jesús o alguna de sus cualidades, a las que se rinde culto de diversas maneras. En el catolicismo, una advocación mariana es un modo de referirse a misterios, apariciones, dones o atributos de la Virgen María.

Explicación de las 4 lecturas Domingo de Ramos ciclo A, reflexión, propósito, lecturas completas

29 de marzo de 2026

Domingo de Ramos
Ciclo A
Comulgar con Jesús en su Pasión

Actualizado el 25 de Marzo del 2026

Infografía - Material y articulo de religioncatolicaromana.blogspot.com

Explicación detallada de las 4 lecturas completas del día con sus textos litúrgicos oficiales completos del Misal Romano de la Conferencia Episcopal Española. Además propósito semanal, comentario y reflexión del Padre Santiago Martín FM, liturgia y links a Misa completa en español

Breve Resumen
Explicación de las 4 Lecturas de Hoy

(Debajo de esta sección tenés las lecturas completas, el comentario al Evangelio y un propósito semanal)

El Domingo de Ramos marca el inicio de la Semana Santa, presentándonos el misterio de un Rey que alcanza su gloria a través de la humillación voluntaria y una dignidad humana inquebrantable. A través de la entrada triunfal en Jerusalén, el tercer cántico del Siervo de Isaías y el himno de la kénosis en Filipenses, la Iglesia nos invita a contemplar la extrema humildad de Cristo. La fe se manifiesta aquí como el desafío de permanecer fieles más allá del entusiasmo pasajero, reconociendo en el Crucificado al "Hijo de David" que viene en nombre del Señor para redimir a la humanidad.

Explicación de la Primera Lectura | Isaías 50, 4-7

Esta lectura presenta la figura del Siervo Sufriente, cuya humildad radica en la obediencia absoluta y la confianza total en la ayuda divina. El profeta describe a alguien que no se resiste ante el maltrato ni se oculta ante los ultrajes, sino que ofrece la espalda y las mejillas a quienes lo golpean. Es el retrato de la fortaleza interior frente al dolor moral, sabiendo que el Señor ayuda y por eso no quedará defraudado.

El análisis teológico muestra que la humildad de Jesús es una decisión consciente de fidelidad. Al endurecer su rostro como pedernal, Jesús asume el sufrimiento sin dejarse rebajar por los insultos. Esta lectura prefigura la actitud de Jesús durante su Pasión, recordándonos que la verdadera dignidad no consiste en evitar el agravio, sino en mantener la misión de dar una palabra de aliento al abatido, incluso en medio del propio dolor.

Explicación del Salmo Responsorial | Salmo 21, 8-9. 17-20. 23-24

El Salmo 21 es la oración del justo sufriente y constituye una de las profecías más detalladas y conmovedoras de la Pasión de Cristo. Comienza con el grito de angustia que el mismo Jesús pronunció en la cruz, pero no es un grito de desesperación, sino el inicio de una súplica que confía en la victoria final de Dios.

El salmista describe con crudo realismo el desprecio social y el dolor físico:

  • El escarnio: Las burlas de quienes ven el sufrimiento como un signo de abandono divino ("que lo ponga a salvo").
  • La agresión: La imagen de la "jauría de mastines" y la "banda de malhechores" evoca un sentimiento de acorralamiento y vulnerabilidad absoluta.
  • El detalle profético: La mención de que "taladran las manos y los pies" y el reparto de las vestiduras prefiguran con asombrosa exactitud los eventos de la Crucifixión descritos en los Evangelios.

A pesar de la intensidad del dolor, el salmo da un giro hacia la esperanza. El orante no se queda en la queja, sino que invoca al Señor como su "fuerza" y le pide que no se quede lejos. El sufrimiento se transforma en testimonio: "contaré tu fama a mis hermanos". El salmo termina con un llamado a la alabanza universal, reconociendo que el dolor del justo tiene un propósito salvífico que glorifica a Dios.

Al responder "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?", nos unimos a Cristo en su hora más difícil, reconociendo que Él cargó con nuestra soledad para que nosotros nunca tuviéramos que estar solos ante el sufrimiento.

Explicación de la Segunda Lectura | Filipenses 2, 6-11

San Pablo hace referencia a la doble actitud de Jesús: su extrema humildad al despojarse de su rango y su posterior exaltación gloriosa. Cristo, a pesar de su condición divina, toma la condición de esclavo y se rebaja hasta someterse a la muerte en la cruz. Este camino de humillación aceptada es, paradójicamente, lo que lo lleva a recibir el "Nombre-sobre-todo-nombre".

Esta lectura enfatiza que la gloria de la resurrección se alcanza por el camino de la entrega. Al actuar como un hombre cualquiera y asumir el abismo de la muerte, Jesús dignifica la condición humana. La proclamación de Jesucristo como Señor no es un título de dominación, sino el reconocimiento de un amor que fue capaz de vaciarse por completo para dar ejemplo de humildad a todo el género humano.

Explicación del Santo Evangelio | San Mateo 21, 1-11 y 26, 14-27, 66

La liturgia de hoy une la dignidad de la entrada triunfal con la crudeza de la Pasión, mostrándonos la fragilidad de nuestras propias convicciones religiosas. Jesús entra en Jerusalén montado en un pollino, cumpliendo la promesa de un rey humilde. El pueblo lo recibe con entusiasmo, pero ese mismo entusiasmo se desvanece pronto cuando la fe es probada por los acontecimientos oscuros de la crucifixión.

  • La dignidad en la entrada triunfal: El Evangelio de la procesión resalta el último momento "feliz" de la vida de Jesús. Su dignidad real no se basa en el poder militar, sino en su identidad como el Profeta de Nazaret que viene en nombre del Señor. El alboroto de la ciudad nos cuestiona hoy: "¿Quién es éste?" en nuestra propia vida.
  • La prueba de la fe: El entusiasmo del "Hosanna" representa muchas veces nuestra propia vida cristiana, que se turba fácilmente ante los problemas. Jesús, al gritar "¿por qué me has abandonado?", se solidariza con nuestra debilidad y con esos momentos donde nuestra fe parece desfallecer ante el sufrimiento.
  • Extrema humildad y dignidad humana: Durante el relato de la Pasión, vemos a Jesús mantener una dignidad inquebrantable frente a los jueces y los verdugos. Su silencio y su perdón son la prueba de que Su reino no es de este mundo, invitándonos a vivir esta Semana Santa como un retiro espiritual que nos purifique y nos prepare para la Pascua.

En conclusión, este domingo nos llama a seguir las enseñanzas de la pasión de Jesús para merecer participar de su resurrección. Al contemplar al Salvador que padece en la cruz, aprendemos que la verdadera grandeza nace de la humildad y la obediencia al Padre. Que este inicio de la Semana Santa nos encuentre dispuestos a acompañar al Señor, no solo con palmas y cantos, sino con un corazón firme que no se eche atrás ante las dificultades del camino.

Infografía - Material y articulo de ReligionCatolicaRomana.blogspot.com

Frase Destacada del Evangelio

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Antífona Mt 21, 9

Hosanna al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel. Hosanna en el cielo.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que nuestro Salvador se hiciera hombre y padeciera en la cruz para dar al género humano ejemplo de humildad concédenos, benigno, seguir las enseñanzas de su pasión y que merezcamos participar de su gloriosa resurrección. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos . .

EN LA PASIÓN DEL SEÑOR PROCESIÓN DE LAS PALMAS

EVANGELIO

Bendito el que viene en nombre del Señor

Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 1-11

Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al mon­te de los Olivos, Jesús mandó dos discípulos, diciéndoles:

-«Id a la aldea de enfrente, encontraréis en seguida una borrica atada con su pollino, desatadlos y traédmelos. Si alguien os dice al­go, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto.»

Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el profeta:

«Decid a la hija de Sión: "Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila".»

Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. La multitud extendió sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba:

-«¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del

Señor! ¡Hosanna en el cielo!»

Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada:

-«¿Quién es éste?»

La gente que venía con él decía:

-«Es Jesús, el Profeta de Nazaret de Galilea.»

Palabra de Dios

MISA

Dada la importancia de la lectura de la historia de la pasión del Señor, el sacerdote, teniendo en cuenta la índole peculiar de cada asamblea en concreto, podrá leer, si es necesario, una sola de las dos lecturas que preceden al evangelio, o bien leer únicamente la historia de la pasión, incluso en su forma más breve.

Primera Lectura

No me tapé el rostro ante los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado

Lectura del libro de Isaías 50, 4-7

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento.

Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído.

Y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos.

El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial

Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24 (R.:2a)

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza: «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre, si tanto lo quiere. » R.

Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos. R.

Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.

Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré. Fieles del Señor, alabadlo; linaje de Jacob, glorificadlo; temedlo, linaje de Israel. R.

Segunda Lectura

Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios

Versículo antes del evangelio Flp 2, 8-9

Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre».

Infografía - Material y articulo de religioncatolicaromana.blogspot.com

Lectura del Santo Evangelio

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 26, 14-27, 66

¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?

C. En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:

S. -«¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»

C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

¿Dónde quieres que te preparemos la Pascua?

C. El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:

S. -«¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?» C. Él contestó

+ -«Id a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: "El Maestro di­ce: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos."»

C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepara­ron la Pascua.

Uno de vosotros me va a entregar

C. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:

+ -«Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»

C. Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro: S. -«¿Soy yo acaso, Señor?»

C. El respondió:

+ -«El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido. »

C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: S. -«¿Soy yo acaso, Maestro?»

C. Él respondió:

+ -«Tú lo has dicho.»

Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre

C. Durante la cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

+ -«Tomad, comed: esto es mi cuerpo.»

C. Y, cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias y se la dio, diciendo:

+ -«Bebed todos; porque ésta es mi sangre, sangre de la alian­za, derramada por todos para el perdón de los pecados. Y os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta el día que beba con voso­tros el vino nuevo en el reino de mi Padre.»

C. Cantaron el salmo y salieron para el monte de los Olivos.

Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño

C. Entonces Jesús les dijo:

+ -«Esta noche vais a caer todos por mi causa, porque está es­crito: "Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño." Pe­ro cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.»

C. Pedro replicó:

S. -«Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré.»

C. Jesús le dijo:

+ -«Te aseguro que esta noche, antes que el gallo cante, me ne­garás tres veces. »

C. Pedro le replicó:

S. -«Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.» C. Y lo mismo decían los demás discípulos.

Empezó a entristecerse y a angustiarse

C. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo:

+ -«Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.»

C. Y, llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse.

Entonces dijo:

+ -«Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo.»

C. Y, adelantándose un poco, cayó rostro en tierra y oraba diciendo:

+ -«Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.»

C. Y se acercó a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:

+ -«¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil.»

C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:

+ -«Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.»

C. Y, viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque tenían los ojos cargados. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba, repitiendo las mismas palabras.

Luego se acercó a sus discípulos y les dijo:

+ -«Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora, y el

Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.

¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.»

Echaron mano a Jesús para detenerlo

C. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, mandado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña:

S. -«Al que yo bese, ése es; detenedlo.» C. Después se acercó a Jesús y le dijo: S. -«¡Salve, Maestro!»

C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:

+ -«Amigo, ¿a qué vienes?»

C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano para detener­lo. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote.

Jesús le dijo:

+ -«Envaina la espada; quien usa espada, a espada morirá.

¿Pien­sas tú que no puedo acudir a mi Padre? El me mandaría en seguida más de doce legiones de ángeles. Pero entonces no se cumpliría la Es­critura, que dice que esto tiene que pasar.»

C. Entonces dijo Jesús a la gente:

+ -«¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin em­bargo, no me detuvisteis.»

C. Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso

C. Los que detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el su­mo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos, hasta el palacio del sumo sacerdote, y, en­trando dentro, se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello.

Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un falso tes­timonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos, que dijeron:

S. -«Este ha dicho: "Puedo destruir el templo de Dios y recons­truirlo en tres días."»

C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:

S. -«¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?»

C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:

S. -«Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Me­sías, el Hijo de Dios.»

C. Jesús le respondió:

+ -«Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: Desde ahora veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo.»

C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: S. -«Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?»

C. Y ellos contestaron: S. -«Es reo de muerte.»

C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo gol­pearon, diciendo:

S. -«Haz de profeta, Mesías; ¿quién te ha pegado?»

Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces

C. Pedro estaba sentado fuera en el patio, y se le acercó una criada y le dijo:

S. -«También tú andabas con Jesús el Galileo.» C. Él lo negó delante de todos, diciendo:

S. -«No sé qué quieres decir.»

C. Y, al salir al portal, lo vio otra y dijo a los que estaban allí: S. -«Éste andaba con Jesús el Nazareno.»

C. Otra vez negó él con juramento: S. -«No conozco a ese hombre.»

C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:

S. -«Seguro; tú también eres de ellos, te delata tu acento.»

C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar, diciendo: S. -«No conozco a ese hombre.»

C. Y en seguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas pala­bras de Jesús: «Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces.» Y, saliendo afuera, lloró amargamente.

Entregaron a Jesús a Pilato, el gobernador

C. Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.

No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre

C. Entonces Judas, el traidor, al ver que habían condenado a Je­sús, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos, diciendo:

S. -«He pecado, he entregado a la muerte a un inocente.» C. Pero ellos dijeron:

S. -«¿A nosotros qué? ¡Allá tú!»

C. Él, arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sumos sacerdotes, recogiendo las monedas, dijeron:

S. -«No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre.»

C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Al­farero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre». Así se cumplió lo escrito por Jeremías, el profeta:

«Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel,y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor.»

¿Eres tú el rey de los judíos?

C. Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:

S. -«¿Eres tú el rey de los judíos?» C. Jesús respondió:

+ -«Tú lo dices.»

C. Y, mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los ancianos, no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:

S. -«¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?»

C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Ba­rrabás. Cuando la gente acudió, les dijo Pilato:

S. -«¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?»

C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y, mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:

S. -«No te metas con ese justo, porque esta noche he sufrido mu­cho soñando con él.»

C. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a 1a gente que pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús.

El gobernador preguntó:

S. -«¿A cuál de los dos queréis que os suelte?» C. Ellos dijeron:

S. -«A Barrabás.»

C. Pilato les preguntó:

S. -«¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?» C. Contestaron todos:

S. -«Que lo crucifiquen.» C. Pilato insistió:

S. -«Pues, ¿qué mal ha hecho?» C. Pero ellos gritaban más fuerte: S. -«¡Que lo crucifiquen!»

C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia de la multitud, diciendo:

S. -«Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!» C. Y el pueblo entero contestó:

S. -«¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»

C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

¡Salve, rey de los judíos!

C. Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano dere­cha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él, diciendo:

S. -«¡Salve, rey de los judíos!»

C. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.

Crucificaron con él a dos bandidos

C. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz.

Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir: «La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ro­pa, echándola a suertes, y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Éste es Jesús, el rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz

C. Los que pasaban lo injuriaban y decían, meneando la cabeza: S. -«Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sál­vate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz.»

C. Los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burla­ban también, diciendo:

S. -«A otros ha salvado, y él no se puede salvar. ¿No es el rey de Israel? Que baje ahora de la cruz, y le creeremos. ¿No ha confia­do en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?»

C. Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.

Elí, Elí, lamá sabaktaní

C. Desde el mediodía hasta la media tarde, vinieron tinieblas so­bre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó:

+ -«Elí, Elí, lamá sabaktaní.» C. (Es decir:

+ -«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»)

C. Al oírlo, algunos de los que estaban por allí dijeron: S. -«A Elías llama éste.»

C. Uno de ellos fue corriendo; en seguida, cogió una esponja em­papada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio a beber.

Los demás decían:

S. -«Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo.»

C. Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

C. Entonces, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se rajaron. Las tumbas se abrieron, y mu­chos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Después que él resucitó, salieron de las tumbas, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a muchos.

El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, el ver el te­rremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:

S. -«Realmente éste era Hijo de Dios.»

C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderlo; entre ellas, María Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los Zebedeos.

José puso el cuerpo de Jesús en el sepulcro nuevo

C. Al anochecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado Jo­sé, que era también discípulo de Jesús. Éste acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó.

María Magdalena y la otra María se quedaron allí, sentadas en­ frente del sepulcro.

­ Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis

C. A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:

S. -«Señor, nos hemos acordado que aquel impostor, estando en vida, anunció: "A los tres días resucitaré." Por eso, da orden de que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, roben el cuerpo y digan al pueblo: "Ha resucitado de entre los muertos." La última impostura seria peor que la primera.»

C. Pilato contestó:

S. -«Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis.»

C. Ellos fueron, sellaron la piedra y con la guardia aseguraron la bajo; vigilancia del sepulcro.

Palabra del Señor

O bien más breve:

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 27, 11-54

¿Eres tú el rey de los judíos?

C. En aquel tiempo, Jesús fue llevado ante Poncio Pilato, y el go­bernador le preguntó:

S. -«¿Eres tú el rey de los judíos?» C. Jesús respondió:

+ -«Tú lo dices.»

C. Y, mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los ancianos, no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:

S. -«¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?»

C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Ba­rrabás. Cuando la gente acudió, les dijo Pilato:

S. -«¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?»

C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y, mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:

S. -«No te metas con ese justo, porque esta noche he sufrido mu­cho soñando con él.»

C. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente que pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús.

El gobernador preguntó:

S. -«¿A cuál de los dos queréis que os suelte?» C. Ellos dijeron:

S. -«A Barrabás.»

C. Pilato les preguntó:

S. -«¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?» C. Contestaron todos:

S. -«Que lo crucifiquen.» C. Pilato insistió:

S. -«Pues, ¿qué mal ha hecho?» C. Pero ellos gritaban más fuerte: S. -«¡Que lo crucifiquen!»

C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia de la multitud, diciendo:

S. -«Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!» C. Y el pueblo entero contestó:

S. -«¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»

C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

¡Salve, rey de los judíos!

C. Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano dere­cha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él, diciendo:

S. -«¡Salve, rey de los judíos!»

C. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.

Crucificaron con él a dos bandidos

C. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, gente y lo forzaron a que llevara la cruz.

Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir: «La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa, echándola a suertes, y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Éste es Jesús, el rey de los judíos.» Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz

C. Los que pasaban lo injuriaban y decían, meneando la cabeza: S. -«Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sál­vate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz.»

C. Los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burla­ban también, diciendo:

S. -«A otros ha salvado, y él no se puede salvar. ¿No es el rey de Israel? Que baje ahora de la cruz, y le creeremos. ¿No ha confia­do en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?»

C. Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.

Elí, Elí, lamá sabaktaní

C. Desde el mediodía hasta la media tarde, vinieron tinieblas so­bre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó:

+ -«Elí, Elí, lamá sabaktaní.» C. (Es decir:

+ -«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»)

C. Al oírlo, algunos de los que estaban por allí dijeron: S. -«A Elías llama éste.»

C. Uno de ellos fue corriendo; en seguida, cogió una esponja em­papada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio a beber. Los demás decían:

S. -«Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo.»

C. Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

C. Entonces, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se rajaron. Las tumbas se abrieron, y mu­chos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Después que él resucitó, salieron de las tumbas, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a muchos.

El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el te­rremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:

S. -«Realmente éste era Hijo de Dios.»

Palabra del Señor.

Infografía - Material y articulo de ReligionCatolicaRomana.blogspot.com

Comentario y Reflexión del Padre Santiago Martín FM

El domingo de Ramos abre la puerta a la Semana Santa. Por lo tanto, deberemos tener presente todos los acontecimientos que se celebran en esos siete días para fijarnos en lo que nos enseñan y en cómo hemos de comportarnos a su luz. De hecho, la lectura de la pasión que se hace en este día nos da la oportunidad de ver de una sola vez el drama íntegro de la Pasión.

La muerte del Señor, especialmente, se convierte en un reclamo para nuestra atención. Cristo está en la Cruz, muriendo en medio de la tortura, siendo inocente. Ha aceptado voluntariamente ocupar ese lugar y lo ha hecho no por que le guste el dolor, sino porque tiene que cumplir una misión y sabe que, para ello, debe cruzar esa puerta, la puerta del sufrimiento, la puerta de la cruz. Su misión es la salvación, pero la lleva a cabo no sólo derramando su sangre redentora para perdonarnos los pecados, sino también haciéndose uno con nosotros, compartiendo con nosotros nuestra suerte, incluido el sufrimiento físico, el abandono, la injusticia.

El objetivo de Cristo se logra plenamente cuando nosotros nos sentimos interpelados por él, por su amor, por su cruz. Si su amor nos conmueve, nos convierte, entonces su sacrificio ha servido para algo. Si permanecemos impasibles ante él, le habremos hecho inútil o al menos no plenamente útil. Dejémonos seducir por Cristo, dejémonos atraer por él, dejémonos salvar. Déjale a Dios que haga de Dios y que te salve.

Propósito Semanal

Medita sobre el amor de Cristo manifestado en la cruz. Date cuenta de lo que él ha hecho por ti.

Agradéceselo y acércate a Él para que su sacrificio no sea en vano

¿Cómo es mi fe? ¿Se puede decir que es variable, constante, fuerte o débil?

¿Qué voy a hacer esta Semana Santa para poder intensificar mi vida cristiana?

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos, Señor, que por la Pasión de tu Hijo experimentemos tu perdón, y aunque no lo merecemos por nuestras obras, haz que lo recibamos por tu misericordia, gracias a este único y admirable sacrificio.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión Mt 26, 42

Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

Oración después de la comunión

Tú que nos has alimentado con esta Eucaristía, y por medio de la muerte de tu Hijo nos das la esperanza de alcanzar lo que la fe nos promete, concédenos, Señor, llegar, por medio de su resurrección, a la meta de nuestras esperanzas.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Misa completa u Homilías de los Franciscanos de María:

La misa de Hoy (en español)

Sobre el Padre Santiago Martín FM

Sacerdote y escritor español, nacido en Madrid en 1954. Estudió Biología, Teología Moral y Periodismo y fue consultor del Pontificio Consejo para la Familia.

Es fundador de los Franciscanos de María, una familia espiritual católica integrada por laicos, religiosas y sacerdotes que está presente en 60 países y fue aprobada por la Santa Sede en 2007. El carisma de esta familia religiosa es el agradecimiento.

Además es autor de más de 31 libros publicados en diversas editoriales.

Sobre las imágenes

Las imágenes que acompañan las lecturas pertenecen a Biblias iluminadas, es decir, ilustradas, del siglo XV. Todos las semanas en la sección Evangelio comentado publicaré una imagen diferente con cada lectura dominical del Ciclo para poder admirar su belleza.

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Mi nombre es Cintia y soy católica apostólica romana.
Siempre me ha gustado estudiar las religiones, pero especialmente me he dedicado al estudio profundo de la fe católica, y consideré que podía ser útil compartir mis conocimientos en forma online.
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Todos los artículos que he escrito están fielmente basados en el Catecismo, la Biblia y los textos reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana.
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