Santo Domingo de Guzmán: El predicador de la verdad y la Orden de predicadores
Actualizado el 1 de Enero del 2026
Santo Domingo de Guzmán nació en el año 1170 y murió en el 1221. Fue el fundador de la Orden de los frailes predicadores, y además, promotor de una gran cruzada de predicación y oraciones contra las herejías de los tártaros y de los albigenses.
Orígenes y la visión profética
Nació en Castilla la vieja. Su madre, Juana, tuvo una revelación profética cuando lo llevaba aún en su seno: vio salir de sus entrañas a un can llameante, que tenía en la boca una antorcha con la que incendió toda la tierra. Este simbolismo marcaría la identidad de su orden: los "Domini canis" (perros del Señor) que llevan la luz de la palabra por el mundo.
Domingo era decidido en la lucha e iba siempre en busca del adversario; era un verdadero atleta de Cristo, lo cual no impedía que poseyera una sensibilidad delicada y que fuera profundamente caritativo. Se cuenta que, siendo estudiante, vendió sus libros -que eran pergaminos caros y raros- para alimentar a los pobres durante una hambruna.
Las primeras fundaciones y la lucha contra la herejía
Domingo realizó su primera fundación al pie de los Pirineos. Era un convento que estaba destinado a las muchachas y mujeres mayores que habían abjurado de la herejía cátara y deseaban cooperar con la oración y la penitencia al progreso de la verdad.
Durante la batalla de Muret, en el curso de la cual los cruzados hicieron fracasar la intervención del rey de Aragón en favor de Raimundo, Domingo permaneció en oración en su iglesia. El nuevo obispo cisterciense de Toulouse lo llamó a él y a sus compañeros para instalarlos en una casa próxima, convirtiéndose así en el superior de una comunidad de misioneros diocesanos. Este hecho fue el germen de la nueva Orden que el santo empezaba a concebir.
La aprobación papal y la expansión de la Orden
El sucesor de Inocencio III aprobó sus proyectos. El Papa escribió a Domingo diciéndole que los frailes de su orden debían ser campeones de la fe y de la verdadera luz del mundo. De este modo, en enero de 1217, se fundó la Orden de Predicadores. Los frailes, españoles, franceses e ingleses, eran dieciséis en total.
Domingo los envía por toda la cristiandad, sobre todo por los centros intelectuales. Antes de entregarse a la acción, los dominicos habían de ampliar sus conocimientos. Su fin era, ante todo, la predicación, y su campo de acción, las ciudades, entonces muy numerosas y florecientes.
Pobreza evangélica y mística del Santo Rosario
A ejemplo de San Francisco de Asís, a quien Domingo había encontrado en Roma, los dominicos practicaban el renunciamiento y la pobreza. De este modo decidió que sus frailes no poseyeran conventos, iglesias ni ninguna propiedad territorial, sino que fueran mendicantes. Esta austeridad les otorgaba autoridad moral para predicar frente a la riqueza excesiva de ciertos sectores de la Iglesia de la época.
Una de las obras espirituales más importantes atribuidas a San Domingo es la propagación de la devoción al Santo Rosario. Según la tradición, la Virgen María se le apareció en un bosque cercano a Toulouse en 1214, entregándole el Rosario como una "arma" espiritual para combatir la herejía y convertir los corazones a través de la meditación de los misterios de la vida de Cristo.
Regreso a España y consolidación
En forma paralela la Orden femenina se convirtió en una orden contemplativa, la cual adquirió gran importancia cuando las religiosas decidieron ponerse bajo la obediencia dominicana. Luego de recorrer varios países, Domingo regresó finalmente a España y allí fundó el convento de la Santa Cruz en Segovia, dejando una huella imborrable en la península.
Muerte y festividad
Domingo sabía que su muerte estaba ya próxima, pues un ángel bellísimo le había revelado que moriría antes de la fiesta de la Asunción de Nuestra Señora. Agotado por sus constantes viajes a pie y sus rigurosas penitencias, llegó a Bolonia en el verano de 1221. Allí, rodeado de sus frailes, les dejó su testamento espiritual: "Tened caridad, conservad la humildad y poseed la pobreza voluntaria".
Así fallece el 6 de agosto tras una breve enfermedad. Fue canonizado por el Papa Gregorio IX en el año 1234, quien fuera su amigo personal y quien afirmó no tener duda alguna de la santidad de aquel hombre que vivió entregado por completo a la salvación de las almas.
Su festividad es el 8 de agosto.
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