Sacramento de la Unción de los Enfermos: Consuelo, Fortaleza y Gracia en el Sufrimiento
Actualizado el 1 de Enero del 2026
Jesucristo instituyó el sacramento de la Unción de los Enfermos como un signo de Su amor compasivo hacia quienes padecen los dolores del cuerpo o la debilidad de la vejez. Su propósito fundamental es aumentar la gracia y la amistad con Dios, otorgando al enfermo la fortaleza y la paciencia necesarias para soportar sus padecimientos, perdonando sus pecados y, si conviene para la salvación de su alma, devolviéndole la salud física.
El fundamento bíblico de este sacramento lo encontramos claramente en la Carta de Santiago 5, 14, donde se instruye a los fieles: "Si alguno está enfermo, llame a los presbíteros de la Iglesia para que oren por él y lo unjan con el Aceite Santo en nombre del Señor". Es, por tanto, un mandato apostólico que busca reconfortar al cristiano en su unión con Cristo sufriente.
¿Quiénes deben recibir este sacramento?
La Unción de los Enfermos no es un sacramento exclusivo para quienes están en el último instante de vida. La Iglesia recomienda administrarlo a:
- Fieles que presenten una enfermedad de cierta gravedad o estén en peligro de muerte.
- Ancianos cuyas fuerzas se encuentren debilitadas, aunque no padezcan una enfermedad aguda inminente.
- Fieles que se preparen para una operación quirúrgica importante.
Es ideal llamar al sacerdote mientras el enfermo está consciente. De este modo, puede comprender el sacramento que recibe, participar en las oraciones y prepararse mejor espiritualmente. Si un enfermo recupera la salud y vuelve a caer en enfermedad, o si dentro de la misma dolencia su estado se agrava, puede volver a recibir la unción sin inconveniente.
Los efectos espirituales y corporales
La recepción de este Santísimo Sacramento ofrece al alma una gracia santificante especial y produce los siguientes efectos:
- Unión con la Pasión de Jesús: El enfermo consagra su sufrimiento, uniéndolo al sacrificio redentor de Cristo en la Cruz.
- Fortaleza y Consuelo: Otorga paz y ánimo para vencer las tentaciones de angustia o desesperación que suelen acompañar a la vejez o la enfermedad grave.
- Perdón de los pecados: Borra los pecados veniales y también los mortales si el enfermo no hubiera podido confesarse pero tiene arrepentimiento.
- Preparación para el Cielo: Fortalece la confianza en la misericordia divina, preparando al fiel para el tránsito a la vida eterna.
- Salud del cuerpo: Si es la voluntad de Dios y conviene para la salud espiritual, el sacramento puede facilitar la mejoría o recuperación total.
Disposiciones para una recepción digna
Para recibir dignamente la Unción, se recomienda que el fiel esté en gracia de Dios. Por ello, lo ideal es que el sacerdote administre primero el sacramento de la Penitencia (Confesión). Si el enfermo no puede confesarse debido a su estado, debe procurar hacer un acto de contrición perfecta en su corazón, confiando plenamente en la ayuda del Espíritu Santo.
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