2 Infografías ¿Qué es la oración mental, de meditación y contemplativa católica? + Explicación paso a paso
Tipos de oración mental y diferencias: ¿Cómo puedo orar a Dios para que me escuche con la oración mental?
Actualizado el 13 de Enero del 2026
La oración es la vida mística por excelencia y aunque el término oración es sinónimo de plegaria, hoy se reserva este término para designar la oración mental, el estado de intimidad con Dios.
Santa Teresa define la oración de la siguiente manera:
"Una relación de amistad en la que uno se relaciona a solas con ese Dios de quien se sabe amado"
Dos actividades principales constituyen la parte que corresponde al hombre en la oración mental: la meditación y la oración, pensar en Dios y hablar con Dios.
Diferencias entre Meditación, Oración y Contemplación
El alma se concentra principalmente sobre sí misma en la meditación y se eleva hacia Dios mediante la oración, pero, en realidad, es un reflexionar sobre los misterios de la fe y el que la impulsa a dirigirse directamente a Él, y de este modo, expresar los sentimientos que medita: sentimientos de reverencia y reconocimiento, de deseo y amor.
¿Qué es la meditación?
La meditación es la parte que corresponde al hombre: pensar en Dios.
La meditación y la oración persiguen un fin común, donde la meditación tiende hacia el reposo en la posesión de las verdades que se han considerado largamente.
¿Qué es la oración?
La oración es la otra parte que corresponde al hombre: hablar con Dios.
La oración espera de Dios que revele al alma sedienta lo que no puede descubrir con la sola meditación
¿Qué es la contemplación?
La contemplación es el reposo conseguido a través de la meditación, es la luz que desciende de Dios como respuesta a la oración
Grados y métodos de la oración mental: El camino hacia la intimidad divina
Para que la oración mental no se convierta en un simple ejercicio intelectual de reflexión, es fundamental entender que su objetivo último es la unión de la voluntad humana con la divina. Los maestros de la vida espiritual, como San Juan de la Cruz y San Ignacio de Loyola, nos enseñan que este camino suele recorrer diversas etapas según el alma se va acostumbrando a la presencia de Dios.
Aunque cada persona tiene su propio ritmo, la Iglesia reconoce tradicionalmente ciertos grados que ayudan a estructurar este diálogo interior:
- La oración de recogimiento: Es el esfuerzo inicial por cerrar las puertas de los sentidos y retirar la atención del mundo exterior para centrarla en el "castillo interior" donde habita la Trinidad.
- La oración afectiva: Es aquella donde predominan los sentimientos de amor, gratitud y arrepentimiento por encima de los razonamientos. Aquí, el alma necesita "pensar menos y amar más".
- La oración de simplicidad (o mirada de fe): Se caracteriza por una atención amorosa y sencilla a Dios, sin necesidad de muchas palabras ni reflexiones complicadas. Es un estar presente ante el Señor en silencio.
Condiciones para que la oración sea eficaz y escuchada
Muchos fieles se preguntan: ¿Cómo puedo orar para que Dios me escuche? La respuesta de los santos es unánime: Dios siempre escucha, pero la oración mental requiere de ciertas disposiciones del corazón para que nosotros podamos percibir Su voz:
- Humildad profunda: Reconocer nuestra pequeñez ante la inmensidad de Dios. Como decía el Santo Cura de Ars, "el hombre es un mendigo que necesita pedirlo todo a Dios".
- Perseverancia: La oración mental no siempre es gratificante; existen momentos de "aridez espiritual". Mantenerse fiel al tiempo de oración, incluso cuando no se siente nada, es la mayor prueba de amor.
- Pureza de intención: No buscar en la oración consuelos sensibles o "sentirse bien", sino buscar agradar a Dios y conocer Su voluntad para nuestra vida.
Diferencias prácticas entre la oración vocal y la oración mental
Es común confundir estos dos tipos de comunicación con el Creador. Mientras que la oración vocal utiliza fórmulas preestablecidas (como el Padre Nuestro o el Ave María) y es necesaria para la vida comunitaria y litúrgica, la oración mental es un ejercicio de libertad interior absoluta.
En la oración mental, no estamos atados a una estructura externa; somos nosotros, con nuestra propia miseria y nuestros propios anhelos, desnudando el alma ante el Padre. Es el momento en que las verdades que repetimos con los labios en la oración vocal pasan a ser vida y carne en nuestra propia existencia.
Un consejo para los momentos de distracción
Es normal que durante la meditación aparezcan pensamientos ajenos. Los directores espirituales sugieren no luchar violentamente contra ellos, lo cual generaría más tensión, sino volver suavemente la mirada hacia el Señor. Una jaculatoria breve, una imagen sagrada o una palabra del Evangelio pueden servir de ancla para regresar al centro del corazón donde Dios nos espera.
Recuerda que la medida de tu oración no es lo bien que has pensado o lo mucho que has sentido, sino el cambio de vida que se produce después de ella: más paciencia, más caridad y un deseo más ardiente de cumplir la voluntad de Dios en lo cotidiano.
Oraciones básicas para comenzar a orar
Estas son las principales oraciones para hablar con Dios, Jesús o la Virgen María
Padre Nuestro
Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
No nos dejes caer en tentación,
y líbranos del mal.
Amen.
Ave María
Dios te salve María,
llena eres de gracia
El Señor es contigo,
bendita tu eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
-Santa María Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte,
Amen.
Gloria
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amen.
Pésame (acto de contricción)
Pésame Dios mío y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido.
Pésame por el infierno que merecí
y por el cielo que perdí;
pero mucho mas me pesa porque pecando ofendí un Dios tan bueno y tan grande como vos;
antes querría haber muerto que haberle ofendido,
y propongo firmemente ayudado por tu divina gracia,
no pecar mas y evitar las ocasiones próximas de pecado.
Amen.
Yo Confieso (acto penitencial)
Yo confieso ante Dios Todopoderoso
y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mi ante Dios, nuestro Señor.
Amen.
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