La Buena Fe: La Sinceridad del Corazón ante la Ley y ante Dios
Actualizado el 1 de Enero del 2026
La buena fe es la sinceridad que se observa cuando, a pesar de las intenciones de uno mismo, no se cumple con una promesa o una palabra dada. Un ejemplo claro es el deudor que, habiendo olvidado realmente el pago de su deuda, se considera un deudor de buena fe debido a la ausencia de malicia en su omisión.
La excusa de la buena fe es tanto más válida cuanto más manifiesta el autor una conciencia ordinariamente atenta y escrupulosa. Sin embargo, la ignorancia no siempre es una excusa válida: mientras que puede ser alegada por católicos poco instruidos, es un principio generalmente inadmisible para quienes, por su cargo, tienen la obligación de conocer y dar a conocer las leyes eclesiásticas.
La Buena Fe en la Teología y el Derecho
La buena fe teológica no difiere mucho de la jurídica. En ambos campos, esta rectitud de intención se manifiesta principalmente de dos maneras:
- Cuando se omite la práctica de una obligación moral, ya sea por olvido o por ignorancia.
- Cuando se comete una falta sin consentir plenamente en ella.
Desde el punto de vista del derecho, la buena fe consiste en un pensamiento honrado, convencido de la veracidad y exactitud del hecho; es la característica de una persona de conducta recta y siempre honesta.
Pecado grave y falta de conciencia
En teología, una persona poseedora de buena fe sería aquella que realiza un acto que objetivamente es un pecado grave, pero lo hace sinceramente, sin la conciencia del pecado mortal ni del mal cometido. Es alguien que ignora completamente si lo que hace está bien o mal; incluso, puede estar convencido de que está realizando una obra buena.
En cambio, una persona de mala fe sabe perfectamente que su acción es incorrecta. No le preocupa el daño al prójimo ni el dolor que su pecado causa a Dios; actúa con plena advertencia y deliberado consentimiento.
Dimensiones de la Buena Fe: Subjetiva y Objetiva
Para un análisis completo de la conducta humana, debemos distinguir dos dimensiones:
- Buena fe subjetiva: Tiene que ver con la creencia interna del individuo de que lo que hace es correcto, independientemente de que la acción sea objetivamente buena o mala.
- Buena fe objetiva: Es donde se analiza el comportamiento externo y la conducta real que tuvo la persona, comparándola con lo que se espera de un actuar honesto y diligente.
La responsabilidad de formar la conciencia
Si bien la buena fe puede atenuar o incluso eliminar la culpabilidad de un acto malo, esto no nos exime de la obligación de buscar la verdad. El cristiano tiene el deber de formar su conciencia para que su buena fe subjetiva coincida cada vez más con la verdad objetiva de Dios. La buena fe no es una "licencia para ignorar", sino un refugio de la misericordia divina para nuestra fragilidad humana. Al final del camino, seremos juzgados por el amor y por la fidelidad con la que buscamos cumplir la voluntad del Padre, actuando siempre con la mayor rectitud posible según las luces que hemos recibido.
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