Los Testigos de Jehová: Origen y enseñanzas frente al catolicismo
Actualizado el 1 de Enero del 2026
Dentro del complejo panorama de los movimientos religiosos contemporáneos, los Testigos de Jehová destacan por su intensa actividad proselitista y su estructura organizativa.
Esta organización es conocida por la firmeza con la que sus miembros defienden sus posturas y por su particular interpretación de las Sagradas Escrituras, la cual difiere en puntos fundamentales de la doctrina cristiana tradicional.
La dedicación de sus seguidores es notable: muchos consideran un deber ineludible compartir sus creencias diariamente, examinando su conciencia cada noche para asegurarse de haber cumplido con esta labor de difusión. Esto explica su constante presencia en espacios públicos y domicilios particulares.
Historia y fundación en Brooklyn
La organización tiene su origen en el año 1872, en Brooklyn, Nueva York. Su fundador fue Charles Taze Russell, un comerciante que, tras un estudio personal de la Biblia, llegó a la conclusión de que las interpretaciones cristianas dadas hasta ese momento -incluyendo las de los Sumos Pontífices, santos y doctores de la Iglesia- eran erróneas.
Bajo esta convicción, Russell estableció una sociedad que hoy es una poderosa red con presencia mundial. Su principal órgano de difusión es la revista Atalaya (The Watchtower), que se traduce a cientos de idiomas y se distribuye por millones cada año, siendo la herramienta central de su enseñanza.
Diferencias doctrinales fundamentales
Para el católico, es importante entender que las creencias de los Testigos de Jehová presentan discrepancias profundas con el dogma cristiano. Más allá de las diferencias comunes con otros grupos protestantes, esta organización sostiene posturas únicas que afectan la base misma de la fe:
- La naturaleza de Cristo: A diferencia de los católicos, ellos niegan que Jesús sea Dios, considerándolo una criatura celestial, pero no divina en el mismo grado que el Padre.
- La Santísima Trinidad: No aceptan el dogma de un solo Dios en tres personas; para ellos, el Espíritu Santo no es una persona, sino la "fuerza activa" de Dios.
- El más allá: No creen en la existencia de un infierno de castigo eterno ni en la inmortalidad del alma tal como la entiende la teología católica.
¿Cómo dialogar con respeto?
Dado que los miembros de esta organización suelen ser muy persistentes y están formados para no ceder en sus argumentos, las discusiones teológicas a menudo pueden resultar infructuosas o generar tensiones innecesarias.
Desde la prudencia y el respeto a la libertad religiosa, una respuesta clara y amable suele ser la mejor opción para quien desea mantener su identidad eclesial: "Le agradezco su interés y el tiempo que dedica a su labor, pero soy católico, conozco mi fe y no tengo intención de cambiar de religión". Esta postura permite cerrar el diálogo con cordialidad, evitando conflictos de intereses.
La importancia de la formación católica
El encuentro con estos grupos es una oportunidad para que el católico profundice en su propia doctrina. Conocer por qué creemos en la divinidad de Cristo y en la Iglesia como institución fundada por Él, nos permite dar razón de nuestra esperanza con mansedumbre, pero con firmeza.
En última instancia, la Iglesia nos invita a la caridad con todas las personas, independientemente de sus creencias, recordando que el testimonio de vida suele ser más convincente que cualquier debate de palabras.
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