El Discernimiento de Espíritus: El Arte de Escuchar la Voz de Dios
Actualizado el 1 de Enero del 2026
El hombre, por su misma naturaleza, está expuesto a influencias numerosas y diversas. La voluntad humana, aunque es libre, se ve movida, retenida o atraída por muchos factores que la agitan. Este combate espiritual existe desde los orígenes: Adán y Eva fueron empujados a la desobediencia por la serpiente, y tras su caída, Dios recordó a la humanidad una regla fundamental: el discernimiento de los espíritus.
En el Nuevo Testamento, vemos al mismo Jesucristo frente a los espíritus cuando es conducido al desierto por el Espíritu de Dios y, al terminar su ayuno, es tentado por el espíritu malo. Esta lucha nos enseña que debemos distinguir entre la acción del demonio, el espíritu del mundo y nuestras propias inclinaciones o concupiscencia.
Los tres espíritus según la tradición
Aunque el tema es complejo, San Bernardo logró aclararlo al reducir a seis los espíritus que mueven al hombre: el divino, el angélico, el diabólico, el carnal, el del mundo y el humano. Finalmente, para facilitar su comprensión, los simplificó en tres categorías principales:
- El Espíritu Divino: Que nos mueve hacia la gracia y el fin sobrenatural.
- El Espíritu Diabólico: Que busca la desobediencia y el alejamiento de los mandamientos.
- El Espíritu Humano: Nuestra propia naturaleza caída y sus inclinaciones.
Las Reglas de San Ignacio de Loyola
San Ignacio, en su obra de los Ejercicios Espirituales, trató largamente este tema y precisó reglas claras para identificar de dónde provienen nuestros pensamientos y deseos. El discernimiento es tanto un arte que se adquiere con el trabajo propio, como un don infundido por la gracia.
Las reglas ignacianas nos invitan a:
- Tener en cuenta el temperamento especial de cada persona.
- Conocer bien la propia naturaleza humana y sus debilidades.
- Ser conscientes de nuestros movimientos internos y observar qué pensamientos surgen de forma espontánea.
Señales para identificar el espíritu
Para ayudarnos en esta tarea, la Iglesia identifica señales claras en el intelecto y en la voluntad que nos permiten saber quién está actuando en nosotros:
El Espíritu de Dios se manifiesta por:
En el intelecto: Discreción, humildad, docilidad, verdad y gravedad. En la voluntad: Paz profunda, confianza absoluta en Dios, mortificación interior, flexibilidad, simplicidad, paciencia, libertad de espíritu, sinceridad y caridad.
El Espíritu Diabólico se manifiesta por:
Se reconoce principalmente por la tristeza, el orgullo, la turbación del alma, la inquietud y la falta de paz. Mientras que Dios construye sobre la calma, el enemigo siembra confusión.
La importancia de la vigilancia interior
El discernimiento no es un ejercicio para realizar una sola vez, sino un hábito de vigilancia cristiana. Aprender a distinguir entre lo que es nuestra propia voz, lo que es una tentación y lo que es una moción de la gracia es vital para avanzar en la santidad. Al estar atentos a los frutos que cada pensamiento deja en nuestro corazón -si nos deja en paz o nos inquieta-, podemos elegir con libertad seguir el camino que Dios ha trazado para nosotros, evitando las trampas del enemigo y las ilusiones de nuestro propio ego.
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